A través de una columna que publica Chief Executive.net, el
ensayista Steven Snyder se lamenta de que muchos ejecutivos copien el
estilo de liderazgo de Donald Trump: ante una situación difícil se
escudan en su autoridad y culpan a los demás en lugar de aceptar sus
propias fallas.
En consecuencia, dice el analista,
implícitamente refuerzan el anticuado modelo de liderazgo que sostiene
la perfección del CEO y descarta la realidad del esfuerzo y la lucha. Si
en cambio reconocieran y aceptaran que la perfección humana es un
oxímoron, experimentarían una profunda sensación de liberación. Todos
tenemos defectos, recuerda Snyder, y todos luchamos con nuestros propios
desafíos; la clave está en reconocer esos defectos y fallas y usarlos
como oportunidad para convertirnos en mejores líderes.
Como
ejemplo del nuevo modelo de liderazgo auténtico que propone, Snyder
cita a Randy Hogan, CEO de Pentair. El gran desafío de Hogan llegó
cuando ya llevaba varios años como CEO y uno de sus principales
colaboradores ? alquien que él mismo había contratado -- pudo haber
estado involucrado en una maniobra poco ética. El CEO inició rápidamente
una investigación y luego de determinar que las imputaciones eran
válidas, rápidamente echo al individuo. Luego descubrió que mucha de la
gente que trabajaba para esa persona estaba en conocimiento de esa
conducta inapropiada pero creía que el mismo Hogan la había respaldado.
El descubrimiento lo afectó profundamente.
En lugar de
acobardarse, Hogan aprovechó ese momento de crisis para reafirmar su
liderazgo, primero aceptando responsabilidad por lo que había ocurrido.
Realizó muchas reuniones con todos slos empleados y se disculpó
personalmente ante ellos. Y luego les dijo: "Quiero que todos me miren a
los ojos y sepan que prefiero perder actuando bien a ganar actuando
mal. Todos aquí estamos para ganar actuando bien".
Los
CEO, dice el analista, tienen mucho que ganar con este tipo de apertura
y candor. Al reconocer y aceptar sus imperfecciones humanas, se
vuelven más auténticos en su liderazgo y crean una cultura que fomenta
esa actitud.
Eso se consigue, en primer lugar,
reconociendo los defectos primero hacia adentro. Cuando algo no sale
como fue planeado, lo más fácil es culpar a los demás. Lo que hay que
hacer, en cambio, es examinar primero nuestro propio rol en el proceso.
Debemos ser honestos con nosotros mismos y preguntarnos qué habríamos
podido hacer en forma diferente. En el caso de Hogan, él había
contratado personalmente a ese individuo quien resultó poco ético. Que
Hogan reconociera primero esto para sí mismo fue un importante primer
paso.
Es importante comprender el valor
curativo de una disculpa. Una disculpa cierra el pasado y abre un nuevo
comienzo. Muchas veces nos preocupamos tanto por salvar las apariencias
que no apreciamos todo lo bueno que puede venir con una simple
disculpa. Cuando Hogan se disculpó ante sus empleados, apeló al nivel
humano para reconstruir la confianza y comenzar de nuevo.
Liderar
con más autenticidad no significa sacrificar desempeño, sólo nos
alienta a desempeñarnos en forma más humana y menos maquinal.