Considerada una pérdida de tiempo, una costumbre mediterránea típica de los vagos y de los perezosos, la siesta vive ahora una segunda juventud. Las empresas descubren que dormir un rato mejora la productividad. Y sobre todo la salud. Una ventana abierta, para que circule un poco de la corriente del verano. El volumen de la televisión o del aparato de música muy bajo. Las cortinas corridas. Una almohada suave detrás de la cabeza. Una manta ligera apoyada en la barriga. Empieza una lenta digestión. Los ojos se cierran y poco a poco la cabeza se cae durante unos minutos. Es la hora de la siesta. Esta costumbre tan española (Camilo José Cela la definió como el "yoga ibérico") es una práctica antigua. Se echaban un rato para descansar los antiguos romanos y los cortesanos y campesinos en la edad media. También tenía costumbre de dormir Napoleón encima de su caballo entre batalla y batalla. Asiduos defensores de la siesta eran Albert Einstein ("para inspirarse"), T...
Psicología Organizacional y Recursos Humanos