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¿Por qué estamos todo el día rodeados de quejas?



Por: Lola García

Últimamente sólo oigo quejas a mí alrededor. Si voy en el metro escucho frases como: “Con la que está cayendo”, “No han renovado a...”, “Este año sin vacaciones…”. En los trabajos siempre había alguien que se quejaba constantemente, pero el porcentaje ha aumentado considerablemente debido a la situación económica que vivimos. Imaginaos las siguientes situaciones:
Situación 1: Lunes por la mañana y nada más comenzar a trabajar le preguntas a tu compañero de trabajo “¿Qué tal?” y te responde con aire resignado: “De lunes...”.
Situación 2: Abres el facebook y lo primero que lees de un amigo “Estoy plof” y lo etiquetan con un ‘Me gusta’ el resto de amistades.
Situación 3: Se acerca la época de vacaciones, preguntas a tu compañero de trabajo dónde tiene pensado irse, y la respuesta es “Si total entre un día de ida y otra de vuelta ya se termina lo bueno y vuelta a empezar”.
Situación 4: Personas que llevan más de dos años en la empresa y  descuidan su vestimenta porque dicen “Yo, para venir aquí no me arreglo”.
Estos pensamientos están cargados de negatividad, difícilmente podremos sentirnos en un entorno positivo si nada más comenzar el lunes lo primero que hacemos es quejarnos de que ya ha pasado el fin de semana. ¿Qué ocurre con el lunes? ¿No hay nada nuevo que aportar, aprender, decir? Incluso, ante un acontecimiento tan positivo como es el irte de vacaciones, ya estás pensando en la vuelta…
¿Qué podemos ofrecer?
En la programación neurolinguística nos dicen que lo crucial no es lo que “nos pasa”, sino lo que pensamos en cada momento. El pensamiento es previo a la emoción, y ese pensamiento es el que nos hace sentirnos bien o mal. Este hecho explica cómo las personas que han vivido o presenciado un mismo hecho experimentan emociones muy distintas ante el mismo: unas pueden sentirse desgraciadas, otras afortunadas, otras indiferentes… ¿Qué eliges tú en el día a día? Obviamente no siempre vamos a poder estar controlando nuestros pensamientos, pero sí ser conscientes que podemos elegir la actitud para afrontar el día y que eso revierte en los demás.
Y si todos y cada uno de nosotros en nuestro día a día laboral aportáramos un gesto de amabilidad y una pizca de alegría podríamos cultivar el optimismo en el trabajo. Es como crear nuestro huerto de la felicidad, en el que todos sembramos lo mejor que podemos ofrecer. Y si pienso qué es lo mejor que podemos ofrecer, llego a la conclusión que es una pregunta interesante de realizar a los trabajadores de diferentes empresas, porque a veces estamos tan liados en la tarea y en el día a día que nos dejamos llevar por la rutina y seguramente que no nos hemos planteado esa cuestión.
Cosas que podemos cultivar en nuestro huerto todos los días
Si tuviera que diseñar el huerto de la felicidad para una empresa sería necesario cultivar pensamientos positivos, pues ya hemos visto que los pensamientos negativos nos generan emociones negativas. Para elloeliminaría de nuestro vocabulario las palabras pesimistas y las sustituiría por otras más optimistas de sentido casi equivalente. Por ejemplo: ante el pensamiento “Es un cliente pesado” sustituiría la palabra “pesado” por “se preocupa porque le gusta la excelencia en el trabajo”; En “Este proyecto es imposible” sustituiría la palabra “imposible”  por “poco probable”; en “Esta tarea no es difícil de realizar”, sustituiría “no es difícil” por “es fácil”. ¿No os resulta más esperanzador?
Otro cultivo sería acabar con las comparaciones nefastas del tipo: “¡Ah, los viejos tiempos! Te acuerdas cuándo estaban trabajando ….Ya no es lo mismo..”. " ¡No tengo tanta suerte como otros que en tan poco tiempo ya les han ascendido”…El otro día leí que un estudio realizado sobre los podios olímpicos revela que los medallistas de bronce parecen más felices que los de plata. ¿Por qué? Los segundos se comparan con los primeros y se sienten frustrados por no haber vencido, mientras que los terceros están contentos por el simple hecho de estar en el podio (se comparan con los que “están por detrás”).
Cultivar la gratitud en tu departamento y organización. Cuánto se agradece a ese compañero (o jefe) que te da las gracias por una aportación que ha creado valor al proyecto, o simplemente que te reconozcan tus méritos verdaderos. La gratitud tiene multitud de beneficios para la salud personal y organizacional porque ayuda a ver el lado positivo de las cosas, a forjar comparaciones positivas, valorar lo que se tiene, anima a los otros a hacerlo todo lo mejor que se pueda, favorece las buenas relaciones, relaja y hace feliz.
Cultivar el perdón. Debemos tener en cuenta que el perdón no es sinónimo de reconciliación, no implica forzosamente restaurar los lazos con el ofensor. No consiste en excusar al otro ni negar el perjuicio sufrido. Perdonar es renunciar al odio. Perdonar es renunciar a la cólera. Como dice Buda: “Aferrarse al odio es como coger un carbón ardiente para tirárselo a alguien.  Eres tú quien se quema”.
Cultivar muestras de generosidad. Como dice un proverbio hindú: “La verdadera felicidad consiste en  hacer feliz a los demás”. Cómo se agradece ese compañero de trabajo que es un cocinillas y tiene la generosidad de hacer un bizcocho de naranja para ofrecerlo en la hora del café, y con ello nos hace el día diferente.
Cultivar conductas o gestos que generan un buen clima laboral, como simplemente saludar y sonreír cada mañana que vas a trabajar, utilizar fórmulas de cortesía aunque sea solo para que te pasen unos folios: “¿Podrías por favor pasarme los folios? Muchas gracias…”. Hay tantos y tantos detalles que podríamos cultivar en nuestro huerto de la felicidad, que me encantaría que comentarais en el foro qué gestos os han hecho sentir bien en vuestro puesto de trabajo, y qué echáis en falta.
Información extraída: http://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/trabajo-y-sentido-comun/2012-03-21/por-que-estamos-todo-el-dia-rodeados-de-quejas_588430/

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