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Cómo detectar a un falso ‘coach’

Si cree que necesita un coach para mejorar sus habilidades directivas, procure que no le den gato por liebre. Los buenos son sutiles en sus preguntas, incisivos en sus comentarios y capaces de removerle por dentro. Si después de una sesión no siente cierto desasosiego y sólo sale cargado de un buen puñado de consejos, probablemente le están engañando: un coach no asesora y, por supuesto, nunca le proporcionará el elixir del liderazgo, porque eso sólo depende de usted.


En la película británica Billy Elliot, un chico de once años ansía ser bailarín profesional. La señorita Wilkinson ayuda al niño a hacer realidad su deseo, le hace descubrir que lograr esa meta le convertirá en una persona plena. Como si se tratara de un espejo, esta entrenadora apoyó a Billy Elliot hasta dónde ella podía llegar. A partir de entonces, el joven tuvo que volar por sí mismo y luchar por su desarrollo, cortando el cordón umbilical que hasta entonces le unía a la maestra, su coach.

En esto consiste un proceso de coaching: en descubrir el potencial de un individuo y fomentarlo. “Un coach jamás tiene que decir a su coachee qué tiene que hacer para lograr sus objetivos. El profesional es el que debe de encontrar su propio camino”, explica María García, socia directora de Seeliger y Conde Consultoría, quien añade que “un buen coach es alguien capaz de sacar lo mejor de tí mismo”.


Por tanto, si ha decidido que un proceso de coaching puede ayudarle a descubrir lo mejor de usted mismo, ¡adelante! Está comprobado que es uno de los mejores y eficaces métodos de desarrollo directivo y… también uno de los más caros. Con estos atractivos no es extraño que muchos profesionales quieran aprovechar la oportunidad. Por esta razón, aquellos que tienen experiencia, prestigio y disponen de una certificación en este ámbito se revuelven ante los intrusos.

Luis Huete, coach y profesor del IESE, advierte que un famosocoach estadounidense cobró un millón de euros por un programa de formación de un año a un alto ejecutivo. “Probablemente sus clientes, directivos y brokers en la Bolsa de Nueva York pueden llegar a amortizar lo invertido en su desarrollo en medio día”, afirma. En España no se manejan esas tarifas. La media está en unos 700 euros por sesión (en torno a una hora) para un directivo medio; y en el caso de procesos para consejeros delegados se pueden llegar a los 1.000 euros. Sospeche de cantidades que destaquen de manera alarmante por encima o por debajo.

Miguel J. Roldán, coach y presidente de The International School of Coaching (Tisoc), afirma que esta técnica “tiene muchos familiares cercanos que se confunden por su proximidad en la forma en que logra obtener el resultado. El life coaching o coaching personal se asimila con terapias, con psicología y hasta con otras herramientas como la PNL –programación neurolingüística, un enfoque de terapia-. También se compara con consultoría y hasta con formación de habilidades. Desafortunadamente, aquí está la mayor distorsión”.


Descubrir al mentiroso
1.Pida referencias. Antes de firmar el proceso, la socia directora de Seelinger y Conde consultoría recomienda interesarse por el coach: “Con quién ha trabajado, qué técnicas ha desarrollado y qué resultados ha obtenido”. Douglas McEncroe, director de Douglas McEncroe Group, aconseja también investigar las cualificaciones del coach, sus certificaciones y las empresas para las que ha trabajado. “Tampoco es mala idea animarle a que explique la teoría del coaching, sus influencias y porqué hace las cosas cómo las hace”.
2.No a las preguntas cerradas. Las cuestiones que obligan a un ‘sí’ o a un ‘no’ está fuera de este tipo de procesos. “Hay que la plantear preguntas abiertas que animen al coachee a pensar”, dice McEncroe. García asegura que un buen coach “tiene que parafrasear y meterse de lleno en el lenguaje de su cliente. Si se sumerge en la emoción es capaz de despertar el cambio”.
3.No a los procesos de más de un año. Estos programas tienen una duración limitada que, raras veces, supera los doce meses. Por encima de ese periodo se crea una dependencia que distorsiona la esencia del coaching. García afirma que “si el programa con un consejero delegado se prolonga tres años, eso ya no es un coach, es un asesor. Una vez formado, el directivo tiene que ser autónomo”. McEncroe coincide y añade que “en el caso de personas sanas, que no sufren ningún tipo de trastorno psicológico, se trata de ayudarles a pensar de una manera más amplia y clara”.

4.Sospeche de todo. Ni la certificación y a veces la experiencia garantizan a un buen coach. Los hay magníficos que no están titulados y otros que, a pesar de contar con un gran bagaje, no dominan la técnica lo que debilita el éxito de los procesos. García señala que “la mayoría de estos procesos dependen de la empatía que haya entre coach y coachee. Si después de la primera sesión no se logra acceder al directivo, a veces no vale ni la certificación ni la experiencia”.

5.El protagonista es usted. No olvide que el protagonista de un programa de coaching es usted, no elcoach. Ser mejor líder, directivo o gestor está en sus manos. El entrenador sólo le puede guiar en este reto, “empuja a pensar y a cuestionar tus primeras interpretaciones personales”, apunta McEncroe.

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