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Ojo con el psicópata corporativo


Los compañeros de trabajo molestos, los colegas mentirosos o los clientes egocéntricos pueden hacer de la labor de un organizador de reuniones un reto. Pero no hay nada peor que tener que tratar con un psicópata.


La palabra “psicópata” asusta a la gente. Los psicópatas son carne de los titulares y los reality shows –asesinos despiadados, pedófilos y estafadores implacables–, o sea, gente a la que esperamos no tener que conocer jamás en la vida. Sin embargo, los estudios demuestran que alrededor del 1% de la población mundial tiene tendencias psicópatas. El hecho es que no todos los psicópatas son violentos y peligrosos; mejor dicho, los titulares han tergiversado nuestra manera de entender quiénes y cómo son. Si una de cada cien personas a las que conoces a lo largo de cualquier día puede tener tendencias psicópatas, ¿cómo puedes saber si un individuo en particular es un psicópata o simplemente alguien con una personalidad desagradable? Para defenderte, en primer lugar es importante aprender qué es lo que hace que una persona sea un psicópata y entenderlo.


La psicopatía es un trastorno de la personalidad que se define por 20 rasgos y características. Los estudios de la personalidad de criminales, además de muchos individuos pertenecientes a la población en general, realizados durante los últimos 30 años sientan las bases de la investigación.



Para que estos rasgos y características sean más fáciles de comprender, se pueden dividir en cuatro dominios basados en cómo se manifiestan en la vida cotidiana. El domino interpersonal define cómo otras personas aprecian a alguien con este tipo de trastorno de la personalidad. Cuando conoces a un psicópata por primera vez, puede parecer encantador, a menudo carismático y bastante simpático. Los psicópatas tienen el don del habla y te impresionarán con sus conocimientos en muchas áreas, te convencerán de que su punto de vista sea el correcto y te entretendrán con anécdotas graciosos y a veces agradablemente extravagantes. Pero si pasas más tiempo con uno, llegarás a darte cuenta de que su estilo grandioso parece demasiado superficial y su aire de superioridad y el convencimiento de que se le debe todo son insoportables. Si profundizas en la relación, descubrirás que gran parte de lo que sabes de ellos es simplemente una máscara o fachada. La fachada que levantan les proporciona el amparo que necesitan para conseguir sus fines: dinero, poder, sexo, estatus. Es un caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Una vez que sospeches que alguien no es como parece, debes procurar no llevar la relación más lejos. Pero si esto ocurre en el lugar del trabajo –sea un compañero, un cliente, un proveedor o el director de un hotel– puede que no tengas más remedio que tratar con él o ella.


Los psicópatas son maestros de la manipulación, invirtiendo mucho esfuerzo y habilidad en la creación y preservación de sus máscaras. Logran engañar a la gente con ellas porque las adaptan a sus víctimas, mintiendo para conseguir lo que quieren. La mentira patológica, incluso sobre cosas insignificantes, es el rasgo medular del psicópata.


¿Cómo nos engañan? Las primeras impresiones positivas que causan los psicópatas tienden a perdurar demasiado, porque fiarse de la primera opinión que se forma de alguien es algo inherente a la naturaleza humana. Filtramos la información, aceptando lo que respalda nuestras primeras impresiones y desechando lo que no encaja en ellas. En caso de que nos surjan dudas, el psicópata siempre ofrecerá una explicación convincente o una excusa plausible que las despeja. Con el paso del tiempo llegamos a creer que conocemos de verdad a esta persona y nos fiamos de él o ella.


Los psicópatas también carecen de la capacidad de sentir una amplia gama de emociones humanas que los demás experimentan; sufren de pobreza afectiva (emocional), que es el segundo dominio. Los neuropsicólogos han descubierto que las áreas emocionales del cerebro de los psicópatas funcionan de forma distinta a las de personas sin este trastorno. En sus mentes, las palabras, los actos y los sentimientos no están interconectados. Por ejemplo, cuando mientes, o cuando le haces daño a alguien, sientes remordimiento o arrepentimiento, y crees que debes pedirle perdón o compensarle de alguna forma. El insomnio como producto de haber hecho algo malo es síntoma de una conciencia activa, de la que carece el psicópata. También lo es el miedo a ser aprehendido por haber quebrado la ley. En el lado positivo, la mayoría de las personas disfrutan del arte, la música, los logros profesionales y los éxitos de los amigos. Los psicópatas no tienen esta capacidad para sentir emociones humanas. De hecho, aparte de ira, furia y frustración, raramente sienten algo semejante a emociones humanas normales. A la gente que no se acostumbra a interactuar regularmente con psicópatas le costará entender y aceptar este concepto, sobre todo teniendo en cuenta que los psicópatas imitarán emociones a fin de manipular a sus víctimas.



Además de no tenerle empatía o simpatía a nadie y de ser incapaces de tener remordimientos por haber hecho algo malo, los psicópatas no están dispuestos a responsabilizarse por sus propias acciones. En seguida echan a otros la culpa de todo lo que sale mal. Si te encuentras a tiro, puede que te encuentres convertido en un conveniente cabeza de turco.

El estilo de vida, el tercer dominio, tiene que ver con el día a día de las personas. El de los psicópatas es impulsivo e irresponsable. Carecen de metas y no están dispuestos a esforzarse para lograr metas significativas. No obstante, sus currículos estarán llenos de importantes logros (falsos) y puestos de alto nivel (exagerados), atribuyéndose amplias responsabilidades (distorsionadas). Su irresponsabilidad puede resultar frustrante, sobre todo si eres escrupuloso con tu trabajo y te gusta hacerlo bien. Su impulsividad también puede ser peligrosa ya que les da igual las consecuencias de sus acciones para los demás, sean sus compañeros de trabajo, clientes o quienes les emplean. Lo que les gusta es llevar temas relacionados con la “visión global” y congraciarse con los clientes, pero los detalles les aburren y se desentienden de los asuntos importantes. Sin embargo, es de esperar que se adjudiquen el mérito del esfuerzo ajeno, incluso si no participaron.


Puesto que las tendencias psicópatas pueden desarrollarse a una edad temprana (tanto por la genética como por la educación), es frecuente que los psicópatas tengan antecedentes de conducta antisocial, que es el cuarto dominio de este modelo. Los ejemplos incluyen problemas en la adolescencia temprana (como la delincuencia, la falta a clase, los hurtos, la alteración del orden público, los delitos relacionados con el abuso del alcohol y de los estupefacientes en lugares públicos), así como los actos perpetrados en la vida adulta (como el fraude, las multas por acceso de velocidad, la violencia doméstica). Parece que su incapacidad de plegarse a las normas sociales está arraigada en su sistema de creencias (están por encima de la ley) y en la organización de su cerebro (no sienten miedo ni experimentan la culpabilidad).


La influencia interpersonal, la pobreza emocional, un aberrante estilo de vida y las tendencias antisociales componen el perfil del psicópata. La gente que exhibe la mayoría de estas características suele convertirse en criminales y acabar en la cárcel. No obstante, el psicópata corporativo tiene un perfil atenuado. Él o ella suele obtener una alta puntuación en los dominios interpersonal y emocional (posee la personalidad de un psicópata), pero en los dominios del estilo de vida y de la conducta antisocial ésta es normalmente más moderada (han “aprendido” cómo encajar mejor en la sociedad y en la vida laboral). Desafortunadamente son capaces de incorporar en sus máscaras muchos de los rasgos aparentemente “efectivos” del liderazgo. Sin embargo, mientras tanto es posible que estén trabajando entre bastidores para sabotear proyectos, hundir carreras e incluso cometer fraude.


Si sospechas que la persona con la que tienes que tratar es un psicópata, ¿cuál es la mejor línea de acción? Evita el contacto todo lo posible, documéntalo todo, haz un seguimiento de los detalles, y mantén al tanto a tus superiores. Es tentador confiar en las personas demasiado buenas para ser cierto, pero recuerda que esto ocurre a menudo.



DR. PAUL BABIAK es psicólogo industrial organizacional, autor y presidente de HRBackOffice, empresa especializada en la formación y el asesoramiento de ejecutivos. Para contactar con él visite su sitio web: www.hrbackoffice.com.


Comentarios

  1. Anónimo12:27 a.m.

    ke ortiva sos loco nos deschaves asi a la gente dejalos ke sean com kieres..

    ResponderBorrar
  2. Anónimo12:28 a.m.

    ah ke sean como quieren..

    ResponderBorrar

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