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Coaching, la herramienta más ‘femenina’

La figura del coach como entrenador para el crecimiento profesional y personal comienza a abrirse hueco en España. En un entorno donde conciliar vida familiar y laboral es cada vez más importante, su ayuda puede ser inestimable, especialmente en el caso de las ejecutivas, más presionadas cultural y personalmente en este aspecto.

Si algo define al mundo de la alta dirección es su también elevado nivel de exigencia. Jornadas maratonianas que pueden superar fácilmente las 45 horas semanales, plena dedicación a la empresa las 24 horas del día y, en algunos casos, la necesidad de viajar constantemente son sólo algunas de las principales características de este tipo de puestos de trabajo. Evidentemente, no queda mucho tiempo libre para dedicarlo a la familia o aficiones personales, algo que ahora también comienza a preocupar a los grandes directivos, para los que la conciliación de la vida laboral y familiar se ha convertido en una de sus prioridades. Esta necesidad se acrecienta todavía más en el caso de las mujeres, sobre todo por su mayor dedicación a las tareas domésticas o al cuidado de los hijos, como demuestra un estudio llevado a cabo por el Instituto de la Mujer.

Aunque el número féminas que consiguen acceder a los puestos de máxima dirección en grandes empresas españolas todavía dista del ideal de igualdad (sólo un 6% de los miembros de consejos de administración de empresas del Ibex 35 son mujeres según un informe de Spencer Stuart), cada vez son más las emprendedoras en nuestro país. Según datos del último informe GEM (Global Entrepreneurship Monitos), que coordina el Instituto de Empresa, el porcentaje se eleva al 30% si se tiene en cuenta el total de los empresarios españoles. Además, la mayor parte de ellas se encuentra entre los 25 y los 44 años, edades donde todavía es más difícil la conciliación por el tiempo que requiere la familia. En general, son las propias mandatarias quienes mayor presión ejercen sobre sí mismas para no dejar de lado su vida personal, algo que también ocurre con los dirigentes masculinos, aunque en mayor medida. Esto les lleva a realizar grandes esfuerzos y en muchos casos incluso a plantearse el abandono de su carrera profesional.

Existen diferentes soluciones para evitar llegar a esos extremos. El coaching es una de las que mayor aceptación está teniendo en los últimos tiempos. Consiste en contratar los servicios de un coach, que sería algo así como un entrenador persona, para que ayude al directivo a superar sus miedos, desarrollar sus habilidades y, en definitiva, a cambiar su enfoque y diseñar su futuro (difiere así del asesoramiento y del mentoring). Durante el proceso, el preparador formula al ‘alumno’ o coachee una serie de preguntas que servirán para que éste se replantee algunas de sus creencias, encuentre sus motivaciones y supere los obstáculos sociales, culturales o personales que le estaban impidiendo avanzar en su desarrollo profesional y particular. Isabel Campo, profesional del sector, define su actividad en su blog como la que “la herramienta o método que permite llevar o guiar a una persona desde la situación actual hasta la situación deseada”.

En el caso concreto de las mujeres, Gabriela Roca, directora de CADECO, explica en un artículo publicado en el Portal del Coaching que éste “es una vía efectiva para desentrañar ciertas cuestiones referidas a los mandatos del género. El hombre no se plantea el interrogante entre desarrollarse profesionalmente o no. ‘La familia o la carrera’. El mandato en este sentido es femenino y es por ello que las mujeres solemos encontrar dificultades para lograr este equilibrio. Hace varios años trabajo como coach con mujeres que se desempeñan en empresas y éste es un tema que surge inevitablemente en mis encuentros con ellas. Considero que el camino que nos conduce a ese equilibrio está basado en la búsqueda de sentido respecto de la tarea que desarrollamos”. En España se trata de un servicio todavía en fase expansiva y relativamente nuevo, aunque ya se ha convertido en un ‘habitual’ de diferentes asociaciones empresariales como la Asociación Española de Mujeres Empresarias (Aseme) o la Federación Española de Mujeres Directivas Ejecutivas, Empresarias y Profesionales (Fedepe).

El coaching específico para mujeres les ayuda a superar muchas de los hábitos sociales y culturales más arraigados hasta hace bien poco como el de su subordinación a la familia. En este sentido, Roca explica que “ante un dilema cotidiano como es si continúo mi carrera profesional no puedo recoger a mis hijos de la guardería, se responden precipitadamente haciendo renuncias innecesarias, sin negociar consigo misma la legitimidad de los objetivos profesionales, negociar con la pareja, negociar con los niños...”. Pero no sólo se trata de que tambaleen sus cimientos personales, sino también de que aprenda a reenfocar su modo de vida y, sobre todo, a organizar mejor sus prioridades (en función de sus verdaderos objetivos).

En general, las directivas tienen mayores necesidades de ser entrenadas que los directivos, lo que ha llevado a varias mujeres a dejar sus cargos para convertirse en coaches. En estos casos, siempre es necesaria una dilatada experiencia profesional y personal en la que apoyarse para ayudar al ‘alumno’ a cambiar. Esto es precisamente lo que hizo Beatriz Vilas, tras trabajar como directora comercial y técnico en recursos humanos de diferentes multinacionales y en diversas ciudades del territorio nacional, optó con dar un giro a su carrera convirtiéndose en ‘entrenadora’. En la actualidad su formación alcanza el grado de Master Coach por el Instituto de Estudios Superiores en Coaching. Sara Ferreras llegó al sector tras 12 años en diversas empresas familiares, y actualmente ejerce como secretaria de la Asociación Española de Coaching, un camino similar al de la vicepresidenta de la misma organización, Susana Lemonche, y que anteriormente ocupó la jefatura del área del plan estratégico en Correos y actuó como consejera técnica en el Ministerio de Administraciones Públicas.

Los caminos para convertirse en coach son de lo más diverso e incluso existen diferentes niveles entre los ‘entrenadores’. En concreto, se trata de tres escalones antes de obtener el último grado de Master Coach. Cada uno de ellos se refiere a un ámbito concreto de esta actividad, como el personal, empresarial o ejecutivo. Al haber infinidad de cursos también se han creado diferentes sociedades que acreditan o certifican la calidad de los mismos, aunque lo cierto es que existe bastante consenso respecto a los estudios que debe seguir un coach. La Asociación Española de Coaching es una de ellas, pero también hay otras internacionales como la International Coach Federation o la International Association of Coaches, que cuentan con el mayor reconocimiento.

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