Frase de la Semana

El éxito es el premio del esfuerzo personal; sigue siempre adelante te espera un mejor futuro. El éxito es el fruto del trabajo y la grandeza personal para poder llegar a obtenerlo. El éxito se obtiene solo con pensamiento firme y seguro de saber lo que se quiere llegar a ser.
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Piénselo bien: ¿es usted un buen o mal compañero de trabajo?


Imagine que está en su puesto de trabajo. Sí, en ese extraño lugar en el que pasa al menos ocho horas de lunes a viernes por un salario siempre mejorable, conviviendo con desconocidos que usted no ha escogido y a los que ve más que a su propia familia y a sus amigos más íntimos. Vuelva a pensar en el sitio donde trabaja y eche un vistazo a su derecha y a su izquierda. Ahora mire hacia delante y hacia atrás. ¿Ha tenido algún rifirrafe con alguna de las personas que está viendo? ¿Se lleva realmente bien con todas ellas? ¿Hay alguien a quien no soporte?

Si es sincero consigo mismo seguramente admita haber discutido e incluso haberse enfadado con alguno de sus compañeros, por mucho que los demás no se hayan dado cuenta. Y que reconozca estar harto de una o dos personas en concreto, a las que al menos en su fuero interno no les pasa ni una... Por todo ello, ¿siente antipatía crónica o le guarda rencor a algún miembro de su equipo en particular? ¿Es posible que le ronden pensamientos negativos, e incluso violentos, sobre alguno de sus compañeros?


Quizás le saque de quicio ese colega tan victimista que siempre aparece en el momento menos oportuno, contándole lo desafortunada que es su vida y la manía que le tiene el jefe y el resto de colaboradores. O tal vez aquel otro tan chistoso, que parece haberla tomado con usted, soltando bromas que no suelen hacerle ni pizca de gracia... Quien sabe, igual convive con alguno de estos personajes, pero en realidad el que más le molesta es uno que sin saber muy bien por qué compite agresivamente contra usted, tratando de dejarle en evidencia cada vez que el jefe hace acto de presencia.


Respire hondo y haga una pausa. Puede que ahora mismo esté pensando que no es culpa suya, que usted es una buena persona y que ha tenido mala suerte por tener que compartir tanto tiempo en compañía de gente tan conflictiva. Pero sepa que los expertos en comportamiento organizacional afirman que estos sentimientos normalmente son recíprocos.


A usted también se le critica por los pasillos y a veces por aquellos de los que menos se lo espera. ¿Ha pensado alguna vez qué opinión tienen los demás sobre usted? Y sincérese todavía un poco más: ¿ha barajado la posibilidad de que puede que no sean los demás, sino que en realidad el compañero conflictivo sea usted mismo?


Todas estas inquietudes forman parte del día a día de las organizaciones españolas. Entre otros informes que intentan cuantificar la gestión y el impacto de todos estos intangibles, destaca el Estudio Cisneros 2006, de la Universidad de Alcalá de Henares, cuyas conclusiones se basan en una encuesta realizada sobre 4.500 trabajadores de la Comunidad de Madrid.


Según sus conclusiones, entre otras fuentes de tensión y preocupación laboral, el 55,7% de los profesionales (más de 11 millones de españoles) señala como uno de los principales factores "el mal ambiente que se respira entre compañeros". Le siguen "la falta de comunicación en el seno de trabajo" (51,5%); "la falta de apoyo por parte de los compañeros" (45,1%) y "las envidias y rivalidades que se dan entre los miembros de un mismo equipo", que afecta al 39,4% de los empleados.


Fruto de esta competitividad, cada vez se dan más casos de acoso laboral, más conocido como mobbing, que ya es uno de los mayores problemas relacionados con la salud laboral en España. Según un estudio de la consultora Mobbing Research, este acoso afecta al 12,5% de los empleados (unos 2,5 millones de personas), que acaban por salir voluntariamente de las empresas, causar baja por depresión o incluso suicidarse. Los expertos en psicología laboral aseguran que las víctimas de esta violencia psicológica suelen ser personas que destacan en un entorno laboral mediocre.

Y todavía hay más datos que ponen de manifiesto la jungla en la que parecen haberse convertido la gran mayoría de empresas españolas. El año pasado, por ejemplo, la consultora de recursos humanos Otto Walter realizó un análisis basado en más de 3.000 experiencias de unos 650 directivos españoles, que en un 90% de los casos afirmó haberse tenido que "enfrentar a trabajadores provocadores de conflictos, que contaminan el clima laboral, criticando y manipulando al resto de compañeros con su actitud negativa, acusadora y victimista".


Lo cierto es que "la empresa es una red de relaciones humanas cuya finalidad es conseguir una serie de resultados que tan sólo pueden obtenerse trabajando en equipo", apunta el coach Vicenç Olivé, codirector del Instituto Gestalt, que imparte cursos para la mejora del ambiente laboral. Eso sí, "debido a la hipervelocidad, el estrés y el cansancio generalizado, en mayor o menor medida el conflicto suele ser uno de los rasgos inherentes a la vida de cualquier trabajador", constata este experto.


"La gran mayoría de estos desencuentros personales son pequeños malentendidos, que ponen de manifiesto que no es lo mismo hablar que comunicarse", afirma Olivé. "Y esta carencia relacional genera una serie de choques, que a su vez crean y fortalecen redes neuronales negativas con las personas que forman parte de nuestro entorno laboral más inmediato". Por eso "nos solemos poner nerviosos o de mal humor cada vez que nos cruzamos con alguno de los compañeros con los que hemos tenido algún desencuentro en el pasado", concluye.


Sea como fuere, "la manera en la que interactuamos con nuestros compañeros de trabajo dice mucho acerca de una relación mucho más profunda y que es la causante de todos y cada uno de estos conflictos laborales: la relación que tenemos con nosotros mismos", afirma el médico Mario Alonso, profesor de liderazgo, comunicación y creatividad del Eurofórum, del IDDI y del centro de formación Garrigues. En su opinión, "no vemos a los demás como son, sino como somos nosotros".


Es decir, que "cuando desconfiamos de las motivaciones de los demás, suele indicar que nos sentimos inseguros y que apenas confiamos en nosotros mismos". O que "cuando nos molesta que no nos reconozcan nuestros méritos, suele significar que carecemos de autoestima". E incluso "cuando nos quejamos de que los demás son muy críticos con nuestro trabajo, seguramente sea porque somos muy susceptibles y exigentes con nosotros mismos". De ahí que "en vez de señalar a los demás como los responsables de nuestros problemas relacionales, hemos de mirar en nuestro interior para encontrar la solución que andamos buscando", reflexiona.


Más que nada porque "al conocer, comprender y cambiar al observador es cuando empieza a transformarse lo observado", añade Alonso. "La evolución natural que están siguiendo cada vez más profesionales consiste en abandonar el papel de víctima, que les llevaba a reaccionar negativamente frente a lo que les pasaba, para convertirse en protagonistas, ofreciendo la mejor respuesta frente a cada circunstancia".


Llegados a este punto, volvamos un momento a usted. ¿Qué es lo que realmente puede hacer para cambiar su relación con sus compañeros de trabajo? Cambiarse a sí mismo. Para lograrlo, "es necesario ser consciente de cuál es nuestro estado de ánimo cada vez que interactuamos con los demás", explica el coach Enrique Simó, experto en inteligencia emocional y desarrollo personal. Sobre todo porque "cuando carecemos de energía vital, solemos vivir más inconscientemente, filtrando lo que nos sucede de una manera más egocéntrica y, por tanto, más negativa y conflictiva".


Así, "para poder relacionarnos más armoniosamente, es fundamental vivir más conscientemente, creando espacio entre lo que nos pasa y la respuesta o actitud que tomamos frente a lo que nos pasa". También "es importante comprender que todo el mundo lo hace lo mejor que puede -según su grado de comprensión y conciencia-, igual que tú mismo lo haces lo mejor que puedes". De ahí que "si quieres que los demás te acepten tal como eres, lo mejor que puedes hacer es empezar por aceptar a los demás tal como son". Y concluye: "Cuando emites malestar, negatividad o toxicidad, al primero al que envenenas es a ti mismo".

Un mal jefe podría aumentar el riesgo de enfermedades en sus empleados, concluye estudio


La investigación fue realizada por el psicólogo y asesor de recursos humanos norteamericano Kenneth Nowack, quien ofreció una conferencia en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Los trabajadores a las órdenes de líderes más inteligentes emocionalmente son más efectivos y gozan de mejor salud que los que tienen jefes mediocres que, además de estrés laboral, pueden aumentar el riesgo de que sus empleados padezcan hipertensión o un ataque al corazón.

Para Nowack, quien es miembro del consorcio para la investigación de la inteligencia emocional cuyo referente es Daniel Goleman, hay una íntima relación entre la salud de los trabajadores, en concreto el estrés laboral, y los buenos resultados en el desempeño de su empleo.

"Los trabajadores con un estrés prolongado causan más bajas en la empresa y tienen una menor productividad", destacó Nowack, quien atribuye esta tensión, entre otras razones, a los líderes "inadecuados".

Los empleados son también "más competentes y reflejan un menor estrés laboral", si cuentan con un orientador adecuado al contrario que los que están dirigidos por un jefe "más pobre" y que confiesan su intención de abandonar la empresa en el próximo año, explica el investigador.

Los grupos de trabajo mal gestionados son, en promedio, un 51 por ciento menos productivos y un 44 por ciento menos rentables que los bien dirigidos.

El investigador matizó que el estrés se debe evaluar individualmente, pues la percepción de las situaciones que provocan tensión son diferentes de unos individuos a otros, así como la capacidad de liderazgo.

"Hay líderes naturales que mantienen a sus empleados en una actitud activa", añadió Nowack, quien apuntó que un nuevo ámbito de la investigación podría establecer si existe "una biología del liderazgo".

En este sentido explicó que existe una hormona, la oxitocina, más abundante en las mujeres que tienen hijos y que fomenta la participación, la sociabilidad y el trabajo en equipo.

Pero no solo los líderes con menor inteligencia emocionalprovocan estrés y la consiguiente pérdida de rendimiento laboral, según Nowack, sino que existen otros factores tales como la escasez de ejercicio físico, una mala alimentación, las relaciones laborales o el sueño.

El factor sueño

"Si duermes dos horas menos de las que necesitas tu capacidad de concentración y trabajo empeora considerablemente", aseguró el investigador estadounidense Kenneth Nowack.

Para predecir y medir estos riesgos, Nowack presentó el 'Stress-Scan', una herramienta a través de la cual se puede evaluar el bienestar.

Con este instrumento y la respuesta a más de un centenar de preguntas, concluyó Nowack, se pueden conocer multitud de aspectos de nuestro propio comportamiento, que son claves para determinar la productividad de los empleados en su entorno laboral.

Madrid. con EFE

Algunas empresas ofrecen tratamiento a empleados para que dejen de fumar


Luego de las campañas 100% libres de humo, firmas preocupadas por la salud de su personal brindan gratis un tratamiento para dejar de fumar. Aseguran que el 90% quiere dejar de fumar y no sabe cómo hacerlo.


Basado en el dato de que entre el 70 y el 90% de los fumadores quiere dejar su adicción y no sabe cómo hacerlo, el médico neumonólogo Reynaldo Smith aseguró que la recepción que recibe en las empresas que lo consultan es "muy buena" y que los empleados que concurren al programa que él brinda finalizan "con éxito" el tratamiento.

Cada vez es mayor la tendencia a proteger el derecho de los empleados no fumadores a no respirar humo de tabaco ambiental durante la jornada de trabajo.

Así es que una mayor conciencia y compromiso llevó a las empresas a ampliar la prohibición de fumar hasta abarcar toda la superficie cubierta de sus edificios, los espacios abiertos cerca de las bocas de ventilación, los autos de la compañía y las reuniones organizadas por ellas.
El Ministerio de Salud después de verificar estas condiciones les extendió certificados de 100% libre de humo. Pero algunas empresas fueron más allá.

Ahora, Danone - La Serenísima, la obra social Osplad y el Hospital Británico, entre otras, dieron un paso más y contrataron el Programa Respire del doctor Smith, para instrumentar una política integral de control del tabaquismo que incluye educación y prevención del tabaquismo y, lo más novedoso, tratamiento médico de cesación tabáquica a sus empleados fumadores gratis.


¿Qué lleva a una empresa a adoptar un programa de control del tabaquismo?

"El principal objetivo es la salud de los empleados: preservarlos de las enfermedades derivadas del tabaquismo activo y pasivo", explicó Smith, director de Respire y de la Unidad de Tabaquismo del Hospital Británico de Buenos Aires. El cigarrillo provoca cáncer, EPOC y cardiopatía, y los fumadores son más susceptibles a padecer resfríos, catarros y gripe. Pero simultáneamente la exposición rutinaria al humo ambiental de tabaco aumenta de un 20% a 30% el riesgo de padecer cáncer de pulmón y enfermedad coronaria en los no fumadores. También puede agravar el asma o provocar bronquitis crónica. Y causa irritación de ojos, nariz y garganta, sequedad de piel, tos, ronquera y respiración sibilante, náuseas y mareos. Reducir las enfermedades asociadas al tabaquismo hace bajar los gastos médicos y también disminuye el ausentismo laboral, que en los fumadores es 30% mayor (tres días más al año), que en los no fumadores. Y hay otros efectos positivos: menor riesgo de incendios, bajan los costos de limpieza y de mantenimiento de equipos electrónicos, baja la conflictividad laboral -disputas entre no fumadores y fumadores- y se evitan eventuales litigios contra la empresa por exposición al humo ambiental de tabaco en el ambiente de trabajo.


El proceso

A partir del compromiso y liderazgo de los directivos de la empresa con el proyecto, el objetivo general es lograr el tratamiento médico del tabaquismo para la población destinataria. Para eso, profesionales realizan una encuesta para establecer la prevalencia del consumo de tabaco y la predisposición a dejar de fumar en los trabajadores que fuman o que dejaron de fumar. El paso siguiente es motivar a los fumadores a abandonar el hábito e incentivar a los que dejaron a permanecer abstinentes. Es a través del sector de recursos humanos que se envía una carta personalizada a todos los empleados, en la que se los invita a una charla informativa. También se colocan carteles y folletos en sitios estratégicos de la empresa.


El tratamiento

Según detalló el médico, el tratamiento de adicción a la nicotina consta de dos etapas: un Programa de Abandono, que abarca desde el diagnóstico del perfil del tabaquista y que sirve para 'diseñar' el tratamiento y determinar, por ejemplo, si va a requerir "apoyo farmacológico" (ansiolíticos, terapia sustitutiva con nicotina, Bupropion y Vareniclina son los más usados). "Se extiende durante cuatro semanas y se les enseña a dejar de fumar con una técnica (terapia cognitiva conductual) de reducción gradual con modificación de la conducta", explicó Smith. Cuando deja el vicio se pasa a segunda etapa de "mantenimiento", que tiene como objetivo prevenir recaídas.
Esta fase "no" tiene límite de duración (se aconseja asistir un año, pero se puede extender). Las recaídas -aseguró el profesional- dependen de cuatro factores psicológicos: "Mal manejo de ansiedad, mal manejo de sindrome de abstinencia y mal manejo del aumento del peso corporal".


Un dato que alarma

El tema de los ambientes 100% libres de humo de tabaco debería ser especialmente sensible para Argentina: 6.000 no fumadores mueren cada año en el país por enfermedades derivadas de la exposición al humo ambiental de tabaco.

Hoy no me puedo levantar


“Buenos días, jefe, soy Martínez, me encuentro fatal, no he dormido nada y he estado toda la noche vomitando...”. “No se preocupe, Martínez, tómese el día libre”. También es muy socorrida la excusa del familiar enfermo, aunque empieza a no funcionar, porque es usada con tanta frecuencia que uno no se explica cómo el dichoso familiar aún está vivo con tanto achaque.


Hay quienes han matado al mismo pariente más de una vez, a otros se les inunda la casa tres veces al mes, muchos no encuentran su automóvil y a otros se les estropea la cerradura de la puerta de su casa cada dos por tres. En Estados Unidos son muy socorridas las mascotas (“se me enfermó el pez y tuve que llevarlo al veterinario” o “mi gato está muy deprimido y estoy esperando al psicólogo gatuno”) hasta el punto de que una de cada cinco empresas americanas ya permiten que el empleado vaya a trabajar con el perrito. A mí me encanta la excusa de que “no tengo ganas de ir a trabajar” –aunque sólo vale si eres tu propio jefe y se lo dices al espejo–, y sueño con decir aquello de “no pienso ir porque me tocó la lotería”.

Ya les hubiera gustado a los de Société Générale que Jèrôme Kerviel hubiera sido un absentista profesional y no hubiera tocado el ordenador. Incluso habrían tragado con que se le enfermó el pez de catarro, y que se le perdieron las llaves del coche cuando iba a buscar al cerrajero, mientras se recuperaba de una tremenda borrachera. La picaresca está muy arraigada en la cultura popular de muchos países, aunque España se lleva la palma en absentismo laboral . Los empleados españoles faltan a su trabajo un 5% del tiempo que establece su contrato laboral, lo que supone para las empresas un coste de 2.000 millones de euros, de los que 700 millones corresponden a bajas fraudulentas (ausencias injustificadas).


La brisa del mar, por ejemplo, debe ser malísima para la salud porque las Islas Canarias y Andalucía son las comunidades líderes en absentismo laboral. Los funcionarios tienen muy mala fama y superan en un 30% la media nacional de absentismo. Para ponerle freno, el Ministerio de Justicia llegó a firmar un acuerdo con los sindicatos por el que se abonan 47 euros al mes a los funcionarios que falten un máximo de cuatro días al semestre, y 29 euros a los que se ausenten entre cinco y ocho días. A los empresarios les parece una obscenidad tener que pagar para que la gente acuda al lugar de trabajo. Curiosamente, el absentismo entre los ciudadanos españoles es más alto que entre los empleados inmigrantes, pero cuando los foráneos adquieren cierta antigüedad en la empresa, igualan los niveles de los trabajadores nativos.

Eso es capacidad de adaptación. Se trata de una práctica tan enraizada en la sociedad que incluso vemos como normal que el Congreso de los Diputados esté semivacío continuamente. Pero no sólo de holgazanería vive el absentista. Los hay que necesitan pluriemplearse para pagar la hipoteca, otros no se sienten motivados en su empresa, algunos están mal pagados y otros se sienten frustrados por no haberse cumplido las expectativas de desarrollo que en su día les prometió el empresario. Los hay también -y es comprensible- que no pueden vivir sin ver el partido del Real Madrid, o los que necesitan descansar los lunes tras la juerga del fin de semana. Está creciendo mucho el absentismo entre jóvenes que viven en casa de sus padres, por su mayor valoración del ocio y del tiempo libre, y porque no se sienten obligados a trabajar para mantener a una familia.


El fraude también aumenta cuando los contratos temporales pasan a ser fijos, o cuando un trabajador sabe que su contrato va a expirar; se coge una baja y así alarga su prestación económica. Patronal y sindicatos coinciden en identificar el absentismo como una de las principales causas de pérdida de competitividad de las empresas españolas, aunque sus recetas son bien distintas. Mientras los empresarios abogan porque haya un mayor control, los sindicatos consideran que primero hay que mejorar la organización del trabajo. En diez días llega la Eurocopa y hay que irse preparando. Pero atención a los detectives contratados por las empresas. Si nos inventamos una lumbalgia, nos pueden pillar con nuestros hijos en brazos, y si alegamos tortícolis, no podremos jugar al tenis.


Lo mejor es un estrés o una falsa depresión, acompañada de un poco de talento interpretativo. Si no nos atrevemos a tanto, también podemos practicar el absentismo presencial llevándonos un pequeño televisor a la oficina. Aunque difícilmente llegaremos al nivel del funcionario japonés que ha sido despedido por dedicarse en el trabajo a ver sitios pornográficos en Internet más de 780.000 veces en nueve meses. Está claro que al pobre japonés le faltaba motivación.

'Un empleado contento es más productivo'


POR: BLANCA ARROYO ALONSO

MADRID.- Flexibilidad, sentimiento de pertenencia, orgullo, confianza, compromiso, comunicación, innovación, conciliación laboral y familiar... son las principales características que afirman poseer las ganadoras del ranking de las mejores empresas para trabajar en España, otorgado por el instituto 'Great place to work', tras realizar un estudio de un total de 250 empresas que emplean a 220.000 personas.

Las triunfadoras han sido la farmacéutica Lilly y las informáticas Microsoft y Cisco, dentro de las categorías de empresas con más de 1.000, 500 y 250 empleados, respectivamente.

En empresas más pequeñas han ganado el grupo de internet Intercom y la consultora Bain & Company Ibérica.

La clave: la confianza, que según Montse Ventosa, directora del Instituto ' Great place to work', "mueve montañas".

Las compañías premidadas insisten en que hay que crear un compromiso entre los empleados que genere un ambiente de trabajo relajado y eficiente, ya que, según el director de recursos humanos de Bain and Company, Eduardo Giménez, "un trabajador contento es más productivo".


Conciliación de la vida laboral y personal

La mayoría de estas empresas trabaja por objetivos, es decir, cada empleado sabe lo que tiene que hacer y el tiempo del que dispone. A partir de ahí, como explica la directora general de Recursos Humanos de Microsoft, Elena Dinesen, la empresa se desmarca y el empleado decide cuándo trabajar y dónde, y sólo se realizan reuniones periódicas para controlar e informar del trabajo que se está realizando. Este es un paso de gigante hacia la conciliación de la vida laboral y la personal.

Uno de sus empleados, tras 11 años trabajando para la compañía, destaca la evolución que ha experimentado la empresa en este tiempo. Él organiza su propio horario y desempeña su trabajo con "absoluta libertad".

Otro gran avance es la trayectoria hacia el 'teletrabajo', un concepto al que hacen hincapié la mayoría de las empresas premiadas. "No me sirve de nada tener a los trabajadores a las ocho y media de la mañana en la oficina, lo que me vale es que realicen su trabajo a tiempo", señala el director General de Cisco, Jose Manuel Petisco. De hecho, esta compañía dispone de 14 empleados en Valencia sin tener allí una oficina, ya que "los empleados pueden vivir en cualquier ciudad".

La informática aplica las tecnologías para realizar reuniones y conversaciones a distancia, lo que le permite ahorrar un 20% en presupuesto de viajes.

La responsable de Ventas para Pymes de esta compañía cuenta que ella madruga todos los días para ir a trabajar, pero "lo hago en casa hasta que calculo que el atasco ha terminado, entonces voy."

Petisco afirma que desde que se pusieron en marcha estas medidas en su empresa, la productividad ha aumentado y "crece por encima de la media". "Recibimos un gran retorno de lo que invertimos para poder llevarlas a cabo", dice.

Lo mismo piensa Elena Dinesen que señala que, tras la inversión para poner en marcha las medidas de conciliación, las ventas se dispararon un 18% y cayó la rotación de manera "considerable". Para lograrlo, Microsoft tuvo que surtir de portátiles a todos los empleados, de teléfonos con tecnología Windows, ADSL, tarjetas 3G... pero el retorno de esta inversión ha sido y está siendo totalmente positivo, dice.

Además, en la mayoría de las empresas premiadas, el periodo de maternidad se amplía hasta los seis meses y a partir de la reincorporación de la madre o el padre (no hacen distinciones) se permite gran flexibilidad de horarios para poder lograr una plena conciliación.


Ocio en la oficina

La farmacéutica Lilly lleva seis años en lo más alto del ranking. Cuando se le pregunta a Juan Pedro Herrera, director general de Recursos Humanos de la compañía, por su secreto afirma rotundo que lo más importante "es el buen ambiente" . Y éste se crea con comunicación, con empleados que sepan que allí pueden hacer carrera y con una clara adaptación de los puestos hacia la conciliación de la vida familiar y laboral.

Pero la empresa farmacéutica no se queda ahí y ofrece a sus empleados alternativas para el momento en el que se termina la jornada laboral. Las mismas instalaciones de la compañía disponen de gimnasio, polideportivo, aparcamiento, autobuses.

Algo parecido sucede en Microsoft, donde los empleados pueden disfrutar de salas de juegos donde desestresarse, con videoconsolas, juegos, salas de lectura... e incluso les ofrecen un programa de salud laboral: plan antitabaquismo, terapia antiestrés, revisión ocular en la empresa o asesoramiento en la prevención del cáncer.

A estas medidas se añaden otras como la de ofrecer a los trabajadores paquetes de acciones para que trabajen por su propio beneficio, servicios de guardería, transporte... son otras decisiones que toman estas empresas para retener el talento. De esta manera, consiguen fidelizar a sus empleados, crear un clima de confianza y entendimiento que, al fin y al cabo, es lo que les hace colocarse en los más altos puestos del ranking.

El clima, la cultura organizacional y la estrategia


Durante muchos años, hablar de clima y cultura organizacional se limitaba a un enfoque abstracto de la administración de la organización, muchas veces vinculada con la adecuada estructuración de un ambiente favorable para trabajar, que garantice que el personal pueda dar lo mejor de sí. Sin embargo, este tipo de enunciado era planteado como una aspiración benevolente de preocupación por el trabajador, que no necesariamente era genuino, y que, por lo general, no estaba vinculada con la estrategia de la organización.


En este sentido era frecuente, y aún lo es hoy en día, ver en las declaraciones de Misión y Visión de las organizaciones indicar que “el personal es nuestro principal activo” o que “nuestro personal es lo más importante para nosotros”; sin embargo, salvo honrosas excepciones, esta declaración no deja de ser eso, solo una declaración, que en la práctica se encuentra desvinculada con la realidad.


¿Qué significa decir que “el personal es lo más importante”? Esto implica muchas aristas de análisis, ya que no solo se trata del trabajador como ser humano que aporta valor a la organización, sino también el entorno que permite que este ser humano pueda aportar efectivamente dicho valor. Respecto al trabajador como ser humano, su adecuada selección y capacitación contribuye a contar con el factor humano que aporta conocimiento, experiencia y habilidad para desempeñar eficientemente un trabajo. La importancia de contar con los mejores trabajadores en la organización ha redundado en mecanismos diversos de selección y de capacitación de personal que han sido implementados por los encargados de recursos humanos; y es tal su importancia, que en los últimos tiempos, ya no se considera al personal un recurso humano (lo que lo ponía en mismo pie de igualdad con los recursos financieros, o recursos materiales, etc.), sino que pasó a ser considerado “capital humano”, y recientemente más valorizado aún, a ser considerado “talento humano”.


Pero el valor intrínseco de la persona no lo es todo, si bien aporta muchísimo, es evidente que el entorno que le ofrece la organización también le permite potenciar su aporte. Esto se pone de manifiesto en la “Fórmula de Lewis” que sostiene que es la interacción de las cualidades personales con las condiciones del entorno la que determina la calidad del comportamiento del trabajador dentro de la organización, lo que da origen a una Cultura Organizacional en particular para cada organización y se evidencia en lo que los propios trabajadores perciben de su entorno a través de lo que se conoce como Clima Organizacional. Siendo así, entonces no solo es importante contar con el personal más adecuado para los objetivos de una organización, sino también considerar el entorno laboral que logrará concretar las mejores potencialidades del talento humano para que la organización alcance sus objetivos.


Hablar de alcanzar los objetivos empresariales ya implica referirse a la estrategia de la organización. Pero entonces ¿qué tiene que ver el Clima y la Cultura Organizacional con la estrategia de la organización?.... ¡Mucho!, sin embargo, esta vinculación no es aún muy conciente en los últimos tiempos, tal vez porque es difícil tangibilizar o dimensionar o gestionar aspectos abstractos e intangibles, o tal vez porque por muchos años se ha dado mayor relevancia a los activos tangibles de las organizaciones, como son los recursos financieros, maquinarias, procesos, insumos, materias primas, etc. En todo caso, se suele hablar de clima organizacional y cultura como temas abstractos, y es muy reciente el cada vez mayor reconocimiento de su importante aporte en el éxito de la ejecución de la estrategia de una organización.


En este sentido, es destacable el aporte de Kaplan y Norton , quienes sostienen que la organización logrará crear valor en la medida que no solo tenga una buena estrategia, sino que pueda ejecutarla con éxito, para lo cual es indispensable que los activos intangibles, dentro de ellos la Cultura Organizacional, se encuentren coordinados con la estrategia. Por lo general muchos objetivos estratégicos de las organizaciones implican la implementación de iniciativas y proyectos que requieren nuevas actitudes y comportamientos de los miembros de la organización, esto implica trabajar directamente en la cultura existente a fin de conocerla a profundidad y de establecer acciones para lograr que las creencias, formas de pensar, expectativas, valores, actitudes y comportamientos compartidos por todos los miembros de la organización se oriente al objetivo estratégico común.


El valor estratégico de contar con una cultura organizacional sólida y fuerte es muy alto, debido a que es muy difícil de imitar por cualquier competidor, es propia y única de cada organización, y además evoluciona constantemente en el tiempo. Sobre la base de la cultura organizacional se establece el clima organizacional que es la percepción compartida de los individuos respecto de las políticas, prácticas y procedimientos organizacionales, tanto formales como informales, que conducen a tener una visión común de los objetivos estratégicos de la organización, y de la forma de alcanzarlos (Kaplan y Norton, 2004).


El desafío para las organizaciones constituye en lograr generar y consolidar una Cultura y Clima Organizacional que permita que las personas que las conforman se encuentren claramente concientes y hayan interiorizado adecuadamente la misión, visión y valores esenciales necesarios para llevar a cabo con éxito la estrategia de la organización. Para lograrlo es necesario conocer la Cultura y Clima Organizacional a profundidad, para poder establecer mecanismos que permitan gestionarla de tal forma que brinde el adecuado soporte al logro de los objetivos estratégicos de la organización. Aún tratándose de conceptos abstractos, su comprensión y medición es posible y necesaria, y de esta manera lograr que este importante activo intangible contribuya efectivamente a la creación de valor.


Fuente: Universidad Esan

Un mal clima laboral, ¿puede "enfermar" a las empresas?


Aunque en las compañías crece la preocupación por los problemas de salud producto de lugares en donde hay un elevado y concentrado número de personas, existe un flagelo mayor al que se deben enfrentar las organizaciones, sobre todo las de mayor tamaño. Cuáles son los síntomas y cómo prevenirlos. Aunque dentro de las compañías crece la preocupación por los problemas de salud como alergias o problemas respiratorios, comunes en ambientes en donde hay un elevado y concentrado número de personas, existe en la actualidad un flagelo aún mayor al que se deben enfrentar las organizaciones, sobre todo aquellas de mayor tamaño: "las empresas enfermas".


Hoy en día, los problemas de salud pueden ser prevenidos con determinadas condiciones de diseño, condiciones mínimas en sistemas generales de ventilación y refrigeración, prácticas más rigurosas de limpieza y mantenimientos periódicos, entre otras alternativas. En este sentido, un estudio realizado por el Foro Económico Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que fomentar la actividad física en las empresas ayuda a reducir la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. De acuerdo con este reciente informe, los programas en el trabajo destinados a luchar contra la inactividad física y los hábitos insanos de alimentación son efectivos para mitigar el impacto de la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Pero, ¿qué pasa cuando una empresa se enferma, punto al que llega debido a una determinada estructura organizativa o manera de funcionar?. Eduardo Press, titular de Eduardo Press Consultores, prefiere hablar de compañías “disfuncionales”, es decir, aquellas organizaciones que “tienen aspectos que no funcionan adecuadamente pero otros que andan más o menos bien, y por eso subsisten”. Al respecto, el especialista comenta que se da sobre todo en las organizaciones más grandes, porque en las empresas más chicas o de carácter familiar, si falla la conducción no sobreviven al paso del tiempo. No obstante, Press aclara que aunque las multinacionales tienen otro respaldo para soportar este tipo de desórdenes, pueden perder presencia del mercado e incluso parte de su personal, un riesgo que crece a medida que se agudiza la falta de talentos y profesionales, sobre todo para determinadas posiciones clave. “Las disfuncionalidades ocurren cuando se produce una crisis por dinámicas externas como puede ser una fusión o adquisición que inciden en el funcionamiento, pero también hay otras que tienen crisis por dinámicas internas, porque hay mala dirección, malas relaciones o errores en la estrategia y prioridades. Pero si la empresa sobrevive quiere decir que hubo elementos que pudieron rescatarse”, explica Press.

Los factores
Según estudios realizados en los últimos años y de los que da cuenta un artículo publicado por el portal español Expansión y Empleo, existen factores que pueden contribuir a este fenómeno:
  • Crisis de identidad / Encrucijada estratégica: Puede ser consecuencia de una fusión o integración en otra compañía, cambios en la alta dirección, relevo generacional, cambios drásticos en el mercado rompiendo el estatus de competencia, entre otras. Como la empresa sigue funcionando, aún sin una dirección estratégica concreta, se puede producir el síndrome del fuera de juego, una actitud ante el mercado de intentar no perder cuota, pero sin resolver los problemas que lo causan.

  • Ausencia de un auténtico líder: En estos casos, en general suele existir un líder más o menos indiscutible, pero que no ejerce todas sus responsabilidades. En la mayoría de los casos, el ejecutivo en cuestión tiende a confundir delegar con "laissez faire", y autoridad con mando, dejando para otros decisiones estratégica.

  • Falta de cultura de trabajo en equipo: El grupo de directivos de primer nivel intenta hacer lo mejor posible su trabajo, pero sin que parezca importarles el de los demás. Como el líder ejerce su autoridad sucesivamente ante todos los directivos, pero nunca de manera simultánea con todos ellos, se produce una maraña de justificaciones cruzadas que no contribuyen a hacer más fluidas las relaciones y, por tanto, la eficiencia y eficacia del conjunto.

  • Gestión de las personas sin propósito estratégico: Cultura reactiva, basada en tratar de solucionar los problemas que se van planteando, sin adelantarse con un plan que los evite. Siempre hay grandes proyectos a largo plazo, pero con la tendencia a seguir siendo así de manera casi indefinida.

Estos son los síntomas que -según consigna Expansión y Empleo- dan lugar a tensos climas laborales, donde las personas acuden con la sensación de ir a sufrir, y con la mente puesta más en cómo sobrevivir que en aportar su talento a un objetivo común.


Si el médico lo dice…
En
off the record, un ex médico laboralista de una importante compañía del sector alimenticio recuerda que “podía detectar el funcionamiento de la empresa en función de las consultas que recibía por parte del personal, no por enfermedades del tipo de una gripe sino por malestares inespecíficos como problemas digestivos o dolores de cabeza recurrentes, fatigas, cansancio”. La frecuencia con que se repetían este tipo de situaciones le daba al profesional la pauta de lo que estaba ocurriendo al interior de la organización. “En momentos de crisis internas crecían las consultas y las ausencias por enfermedad, situaciones que no sólo resentían el trabajo individual sino también el que se realizaba en equipo”. Y explica que en este tipo de contexto aumenta la cantidad de gente que sintiéndose mal sigue concurriendo a trabajar para, por ejemplo, no perder el premio por ausentismo y que por este motivo se comenten una mayor cantidad de errores y fallas en la calidad del proceso productivo.


¿Cómo se previene?
Según Press, “preparando a la gente, sobre todo de los mandos medios para arriba en temas de comunicación interpersonal, en cómo manejar situaciones conflictivas, cómo trabajar en equipo, temáticas recurrentes que la gente no termina de aprender”. A su vez, el especialista postula que los directivos tienen que estar atentos a los movimientos que se vayan sucediendo, tanto fuera como dentro de la organización, ya que, en definitiva, una empresa se convierte en disfuncional porque no hace lo que tiene que hacer en los momentos de cambio.

Jóvenes con experiencia y maduros con frescura


Frente a un problema en ciernes, las compañías buscan generar espacios de transmisión de la habilidad de los empleados más avezados.


En el mundo laboral abundan los prejuicios. Por ejemplo que a partir de los 40 o de los 50 años, a los trabajadores se les apaga la capacidad de aprendizaje. Ese preconcepto lleva a muchos asalariados a perder la confianza en sí mismo y, en consecuencia, a que los empresarios duden en formar a sus empleados más avezados. Esa concepción errada, según plantea el francés Guy Le Boterf, doctor en Ciencias Humanas y especialista en desarrollo de competencias, potencian la descapitalización de los Recursos Humanos.


Por esa razón, sugiere que se imparta una formación a lo largo de la vida del empleado, que tienda a asegurar su rendimiento y a la renovación de los que están en edad avanzada, próximos a retirarse o a jubilarse. De estos últimos, indica Le Boterf, es fundamental recuperar los trucos o las habilidades para ponerlos a disposición de los que quedan o los que llegarán. El dilema empresarial de hoy es tener empleados maduros con iniciativa de los jóvenes y jóvenes que posean la experiencia de los más antiguos en el puesto.


Durante mucho tiempo, el foco estuvo puesto en lograr cambios en los individuos desde el supuesto que llevarían el cambio a la organización. Este enfoque resultó en la práctica necesario pero no suficiente.“La empresa debe diseñar espacios dentro de su organización para que se genere el compartir (o sea formalizar aquello que generalmente se genera de manera informal), no sólo los rumbos, planes y estrategias a seguir ya previamente delineados, sino para que se comparta el conocimiento tácito (habilidades no formales) de sus integrantes”, plantea Cristina Gutiérrez, coach ontológica de la consultora Creactiva.


¿Cómo lograr ese proceso? “Una alternativa que está ganando terreno es cultivar comunidades de práctica, en la que los líderes de las empresas replantean el paradigma de competencia por el de colaboración y construcción en conjunto”, responde Gutiérrez a LA GACETA. Esta acción colectiva brindará herramientas para aprovechar la habilidad de los trabajadores más experimentados con el aprendizaje teórico de los que se incorporaron a la empresa recientemente.


Choque generacional

Especialista en inserción laboral y desarrollo de carreras, Ana María Gueli Enriquez señala que uno de los grandes dolores de cabeza que sufren los supervisores de área, gerentes de Recursos Humanos o jefes de sección es el choque generacional entre los empleados, que evidentemente limita la transmisión de conocimiento de los mayores a los más jóvenes. Y comenta un caso cada vez más frecuente en las empresas para combatir las turbulencias generacionales. “Un gerente de 50 años de una importante compañía nacional comenzó a compartir almuerzos con grupos de empleados de entre 25 y 30 años. De esa manera, intentaba añadir a su percepción ejecutiva lo que sentían los trabajadores y sus anhelos”, indica Gueli Enriquez.


Desde ese punto de vista, la experta considera que “no sólo hay que buscar espacios en donde las generaciones puedan confluir, sino también generar un ámbito de intercambio de vivencias para aprender en conjunto”.


“El reconocimiento a una tarea ya no llega sólo por un trabajo bien hecho. Las generaciones de hoy buscan que los supervisores o jefes los apoyen con gestos y estímulos permanentes”, apunta.


Las nuevas tendencias del mercado laboral llevaron a muchas empresas a reorientar sus políticas de Recursos Humanos. Los expertos consultados por nuestro diario afirman que la interacción entre los más experimentados y los más jóvenes sirve para compartir consejos, explorar ideas e incrementar la satisfacción entre personas que comprenden las expectativas de otros y donde no importa la edad.



Cómo detectar los primeros síntomas


* En la empresa, ¿las actividades claves o que generan valor agregado dependen de una persona en particular?



* ¿Qué sucedería si ese trabajador no continuara su tarea (por enfermedad, muerte, renuncia, etc.)?¿Cuál sería el impacto en las actividades de la empresa y en el producto final al cliente?



* ¿Existen espacios creados para compartir experiencias entre ejecutivos, jefes de sección o vendedores?



* ¿Cómo puede la organización capitalizar las competencias de los más avezados y transmitirlas a los más jóvenes?



* Dentro del personal de mayor edad, ¿quiénes pueden ser referentes para transmitir a los más jóvenes valores como el compromiso, la dedicación y el bajo ausentismo?


Generar climas motivadores todavía es una cuenta pendiente para los directivos


Un estudio privado señala que a la mayoría de los jefes les cuesta crear ambientes de trabajo que permitan a sus empleados desarrollarse, sentirse valorados y cumplir sus objetivos. Según los especialistas, los directivos argentinos aún necesitan ser "más flexibles" y escuchar a sus subordinados.

Por definición, un líder es aquella persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora. Sin embargo, en la realidad esta premisa no siempre se cumple. Un estudio realizado por la consultora Hay Group revela que casi la mitad de directivos en lugar de guiar y ayudar al personal que tienen a cargo a cumplir sus objetivos, generan un clima desmotivador y desmoralizante.

El estudio indica que un tercio de los ejecutivos encuestados reconoce que el buen desempeño de su empresa depende en forma directa de la creación de un ambiente de trabajo placentero y positivo.

Sin embargo, sólo uno de cada cuatro de ellos logra propiciar un clima que facilite un buen funcionamiento de la organización en todos sus niveles, y apenas una quinta parte reconoce que genera una atmósfera laboral “energetizante”. Aunque esta investigación fue realizada en el Reino Unido, especialistas consultados afirman que los resultados bien podrían aplicarse en Argentina y otros paises en américa latina.

“En Argentina en general el modelo de conducción es muy tradicional, el jefe -en el mejor de los casos- tiene un buen manejo de los aspectos técnicos y económicos pero no tiene conciencia de la importancia de las personas”, explica Carlos Altschul, director de Altschul consultores y especialista en procesos de cambio y negociación. Otro factor que se agrega a esta situación, señala el especialista, es el quiebre del contrato psicológico entre empleados y empleadores. “En los últimos años la mayoría de las empresas han cometido muchos desastres, con despidos críticos. Así, a ese entorno, en el que los modelos tradicionales eran aceptados sin más, se agregó la destrucción del tejido social en la empresa”, señala.


Hacer que se queden

El estudio realizado por Hay Group revela que prácticamente seis de cada diez jefes son incapaces de generar escenarios favorables para que el trabajo se desarrolle de la mejor forma posible. Y, lo que es peor, que cuatro de cada diez crean climas desalentadores entre sus empleados. Estos datos adquieren vital importancia ante la incipiente y, ya para muchos sectores alarmante, escasez de talentos, que obliga a las empresas a enfocar todos sus esfuerzos en captar y retener a los mejores.

En este sentido, Analía Loria, consultora especializada en recursos humanos, recuerda un dato: “Los empleados no dejan a las organizaciones sino a sus jefes”. Altschul completa el panorama. Según el especialista, años atrás, cuando en la Argentina era muy difícil conseguir trabajo, muchas personas no tenían más opción que soportar al jefe que les tocara en suerte; sin embargo hoy, que la situación laboral presenta cierta mejora, la mayoría de las tradicionales de la conducción nacional entraron en crisis. “Definitivamente esto es un problema que afecta la retención de personas. Sin dudas, muchas mujeres y hombres, en caso de encontrar una buena conducción en una empresa, podrían incorporarse y sentirse partícipes de sus proyectos”, explica.


Fallar en el intento

Para Loria, la mayoría de los líderes fracasan en la generación de ambientes motivadores debido a que no pueden encontrar los elementos para generarle a sus empleados espacios para proyectarse, no saben indagar sobre cuáles son las expectativas de sus subordinados o porque la cultura propia de la organización no les da espacio para desarrollar un clima más positivo.

Las organizaciones están a veces muy enfocadas en la búsqueda de resultados y no prestan atención a las personas, que son en definitiva quienes van a permitir alcanzar esos resultados”, afirma. Según señalan los realizadores del estudio, más del 30% del funcionamiento de un negocio depende de que el clima laboral sea motivador. Por eso es importante que los directivos de las empresas contribuyan en la creación de ambientes laborales favorables, que posibiliten el desarrollo y crecimiento de sus subordinados.


Para lograr este cambio de clima, un aspecto indispensable es determinar qué tipo de liderazgo será el más conveniente aplicar, teniendo en cuenta las características de la organización y de los equipos de trabajo que la integran. Según Loria, el primer aspecto a considerar es qué estilo se está utilizando y analizar si es el más adecuado para lograr la motivación de sus empleados. Además, otros puntos importantes a tener en cuenta por el jefe son qué tipo de vínculos y relaciones internas va a generar con el equipo, cuál va a ser su nivel de escucha, qué tipo de vínculo pretende establecer con su personal y qué proyectos y desafíos va a proponer al equipo. Altschul resume las características de todo buen jefe en una frase: “Un buen jefe es ante todo un buen maestro: te enseña, te muestra los límites, cuando te equivocás te señala los errores y cuando hacés un buen trabajo te gratifica”.


Tipos de liderazgo

Según la investigación de Hay Group, existen básicamente seis estilos de dirección que los jefes suelen aplicar: directivo, marcador de pautas, filial, participativo y coaching. En este sentido, tres de cada cuatro directivos encuestados que sí son capaces de generar un buen clima laboral, afirmó que usa frecuentemente tres o más de estos tipos de liderazgo. Mientras que la misma cantidad de quienes propician climas negativos señaló que utilizaban dos o menos.

A su vez, consultados acerca de qué estilos de liderazgo empleaban con mayor frecuencia,
siete de cada diez ejecutivos manifestó su preferencia por desarrollar actitudes colaborativas o enfoques basados en la participación del equipo. Sin embargo, los resultados finales demuestran que no muchas logran llevarlo a la práctica de forma exitosa.


Se va, se va… ¡se fueee!

Ante las pocas oportunidades de desarrollo, muchos profesionistas están optando por emigrar a otros países. ¿Debe la empresa impedirlo?

beisbol (cortesía)


¿Quién no ha pensado en “fugarse” de este país? Sobretodo, cuando nos toca sufrir la clausura del Congreso de la Unión, las obras en Constituyentes o… ¡pagar impuestos!


En el ámbito empresarial, el fenómeno es muy claro: la fuga de cerebros se está convirtiendo en parte de lo cotidiano.

Son muchos los factores que fomentan la salida de personas talentosas a otras naciones. Para mí destacan el deficiente nivel educativo nacional, el mínimo apoyo a los centros de investigación científica y tecnológica y, por supuesto, la ausencia de motivación para el desarrollo profesional en el ámbito laboral mexicano.


Aunque algunas organizaciones están adoptando buenas prácticas para mantener y mejorar a su capital humano (como lo demuestran las Listas de las Mejores Empresas para Trabajar), lo cierto es que la mayoría, mantienen condiciones francamente desmotivantes.

Más allá de criticar a estas corporaciones y sus políticas, quiero plantear ¿estarían esas empresas obligadas a evitar la fuga de cerebros?

Pienso que sí. Primero, porque procurar a los colaboradores valiosos, redundará sin duda en mayor productividad y competitividad a favor de la organización. Segundo, porque no hace falta hacer grandes erogaciones. En ocasiones, el otorgamiento de una prestación puede hacer la diferencia (además la previsión social está exenta del Impuesto sobre la Renta); y finalmente, porque es deseable aprovechar el talento mexicano en beneficio de nuestra sociedad.

De no poner manos a la obra, estaremos condenados a retomar la vieja expresión beisbolera, para acompañar la constante pérdida de talento: se va, se va… ¡se fueee!

Para consultar más información sobre este tema, sugiero el artículo Seis puntos para retener el talento, publicado en salud empresarial.


"El crecimiento en las empresas se da más por el lado de la actitud que de la aptitud"


Para el director general de Alcatel Lucent, Javier Rodríguez Falcón, la fusión de ambas compañías es uno de los desafíos más importantes de su carrera.


Con la nueva posición a Javier Rodríguez Falcón se le presentó uno de los desafíos más importantes de su carrera: liderar el proceso de la fusión entre dos grandes compañías. Y no dudó en pegar el salto desde el puesto comercial a nivel regional que ocupaba hasta junio de 2007 para convertirse en el CEO de la flamante empresa proveedora de soluciones en telecomunicaciones Alcatel. Rodríguez Falcón ingresó al mundo corporativo exactamente el 16 de marzo de 1993. Fue en la empresa AT&T. Y, aunque en ese momento “esperaba tener un crecimiento, como éramos sólo cuatro personas, no me planteaba estar donde llegué porque no lo veía como una posibilidad”.


-El desafío que implica aceptar ser director general de una multinacional en su caso tuvo un aditivo extra que fue el momento que atravesaba la compañía, ¿cómo lo vivió?

-A los pocos meses de producirse la fusión entre Alcatel y Lucent me ofrecieron hacerme cargo de las operaciones en la Argentina y, después de haber volado tantos años ya que venía ocupando posiciones regionales, me pareció que no estaba para nada mal quedarme un rato quieto. En esta posición tengo casi 300 empleados a cargo y me ocupo de muchos temas tácticos relacionados a Recursos Humanos ya que en una situación de fusión de dos culturas lo más importante es tratar de enfocarse en el trabajo. Uno de los problemas que muchas veces se genera es el de las indefiniciones, sobre todo cuando hay tantos cambios organizativos y de procesos. La fusión tiene punto de inicio pero es una tarea para hacer de acá en adelante y que implica tener que asegurarnos de generar una propia cultura de empresa en la Argentina.


-Por lo general, dentro de la agenda de un CEO los temas vinculados al área de Recursos Humanos no son prioritarios ¿en su caso sí lo fueron?

-Encargarme de los temas de Recursos Humanos como, por ejemplo, la definición de planes de carrera, es uno de los grandes desafíos en cuanto a mis anteriores cargos. Cuando existe un ámbito de incertidumbre como es una fusión, lo más importante es tratar de no perder la comunicación tanto con los empleados como con los clientes. En Alcatel-Lucent abrimos canales formales e informales de comunicación, muy vinculados a temas de crecimiento, clima laboral, planes de carrera, beneficios. Y todo este tipo de procesos los realizamos con frecuencia para tratar de reducir la ansiedad e incertidumbre. Hoy, uno de los desafíos más grandes que tengo es que todos los empleados tomen como propios los planes que estamos desarrollando.


-En un contexto como el que usted define ¿cómo juega la figura del líder en cuanto a la motivación de los empleados?

-Sin dudas que ayuda muchísimo. De acuerdo a la situación, hay líderes que son óptimos y otros que no lo son, por lo que, según el contexto es el tipo de liderazgo que se necesita. El liderazgo es muy importante porque implica que las personas que forman la empresa tengan la capacidad de verse reflejadas en lo que el líder está diciendo. A la larga, lo que el líder genera es el compromiso de cada una de las personas, porque cada uno ve en él una parte de lo que le gustaría ser. El líder consigue el compromiso, y esto es fundamental.


-¿Y que tipo de líder se requiere para llevar adelante con éxito una fusión?

-En esos casos el líder necesita de mucha comunicación. Una fusión genera una situación en la cual no se puede evitar que haya incertidumbre, sobre todo en una empresa tan grande como fue en este caso, donde se unieron 50.000 empleados de un lado y 30.000 del otro. Es inevitable que los primeros meses del proceso, hasta el primer año incluso, haya mucha incertidumbre respecto a alguna áreas, procesos, organigramas, y en estos casos lo fundamental es darles a entender a todos cuál es el espacio que ocupan, que se espera de cada uno de ellos, que no pierdan el foco en el cliente. En los primeros años, el líder tiene que ser muy comunicativo y en paralelo no dejar de hacer foco en los clientes. Y tiene que tener en claro que si bien quizás las cosas demoren un poco más de lo esperado, a la larga se solucionan.


-¿Qué aptitudes busca y prioriza en la gente que lo acompaña de cerca en este proceso?

-Dijiste una palabra interesante, aptitud. Al momento de incorporar recursos humanos, sobre todo en esta situación de incertidumbre, me enfoco mucho más en la actitud que en la aptitud. Valoro muchísimo la actitud de las personas frente a los desafíos que se les impongan. Busco que la gente tenga una actitud positiva y priorizo la manera en que se predisponen frente a las tareas que tienen que abordar. En una situación como la que vivimos hay de todo, desde gente que se lo toma bien y otra que se lo toma a la defensiva por miedo a que su sector desaparezca. Y en estos casos valoro mucho a aquellos que tiran para adelante.


-¿Tuvieron que despedir gente como parte del proceso?

-Si, tuvimos que hacerlo. No fueron grandes desvinculaciones en términos de cantidad porque la empresa está creciendo y en muchas áreas incluso nos vimos obligados a buscar recursos. Pero por temas de solapamiento de estructuras en algunas áreas no se necesitaron los dos grupos enteros. También hubo reacomodamientos y cambios de funciones para mucha gente.


-¿Cómo administraron esta situación?

-Siempre es una situación muy difícil, por lo que se administró con mucho cuidado, porque en definitiva se trata de personas. Si bien son decisiones que cuesta tomar son necesarias para que la empresa siga funcionando. Son cosas que no nos gustan hacer pero que hay que hacerlas con mucho tacto, sobre todo cuando la gente lleva muchos años en la empresa, lo cual hace al tema aún más sensible.


-Por último, ¿qué le recomendaría a los jóvenes profesionales y ejecutivos?

-Para responderte la pregunta retomo el punto de la actitud y la aptitud. A la hora de buscar trabajo hay que tener competencias fuertes, pero que los diferenciadores vienen dados por cómo uno se toma las cosas, por la actitud. Creo incluso que el crecimiento de la carrera viene mucho por ese lado. Tienen que tratar de trazarse objetivos, porque en definitiva el plan de carrera no te lo hace tu jefe sino que se lo hace uno. Uno con los años nota que el crecimiento en las empresas se da más por el lado de la actitud que de la aptitud. La aptitud es una condición necesaria, pero no es suficiente, sobre todo en situaciones de incertidumbre. Tomarse las cosas con una buena actitud, entender lo que se les pide e ir para el mismo lado, sabiendo que en el medio va a haber un montón de trabas. Y desde el punto de vista personal, para dormir mejor a la noche, saber que uno hizo las cosas lo mejor que pudo.

La empresa feliz


La gestión humanista y ética se impone en el nuevo mercado moral.


No existe la empresa feliz. Como tampoco existe un mundo feliz. Pero, el futuro es del humanismo empresarial; es decir, la gestión humanista y ética. Porque las empresas sostenibles, que integran estrategias de felicidad para cuidar a sus empleados y consolidarse a largo plazo, venden y son la nueva razón económica en el nuevo mercado moral. 'No es romanticismo social, sino pura eficacia', advierte el consultor Jürgen Schott, que asesora a los grandes consorcios alemanes en cuestiones éticas.

Están los terapeutas especializados en hipnosis contratados por los grandes consorcios para tratar a sus directivos. (Aunque el terapeuta de Mannheim, en Alemania, Sven Frank dice que las empresas no hablan de hipnosis sino de coach mental.) Están los masajistas que atienden a sus clientes en sus puestos de trabajo; o los consultores reclamados para asesorar en cuestiones de work-life-balance. O se contratan los servicios de agencias que facilitan la vida a los empleados. O se abren guarderías corporativas con horarios flexibles. A los funcionarios del municipio alemán de Vechta se les permite dormir la siesta. Y el ayuntamiento de la ciudad de Hanau, con servicio de planchado para sus empleados, asume tareas que permitan a sus ciudadanos mejorar el equilibrio entre vida y trabajo.

¿Modas? En el futuro se evaluarán las competencias de felicidad de las empresas y se introducirán índices de satisfacción laboral, pronostica el investigador Matthias Horx, del Instituto de Futuro de Kelkheim. 'La calidad de la cultura empresarial es ya un factor decisivo en la búsqueda de trabajo para los ejecutivos', afirma Jürgen Schott, directivo de la consultora muniquesa Zentrum für Unternehmenskultur.

El resultado: más allá de brindar posibilidades de conciliar, las empresas responsables esbozan programas globales de sostenibilidad que abarcan desde una visión ética, una política social avanzada y relaciones justas con los diferentes actores implicados (trabajadores, proveedores, clientes, socios, etc.) hasta la utilización de enegías renovables y uso responsable de los recursos naturales. Empresas que integran la sostenibilidad en el corazón de su estrategia, fidelizando a los nuevos clientes inteligentes. 'Además, es bueno para el planeta, para el alma, la familia y un mundo más justo y ético', opina la investigadora de tendencias Faith Popcorn (EE UU).


Una nueva organización

El prestigioso semanario Die Zeit, de Hamburgo, afirma incluso que se ha iniciado una reorganización del capitalismo. 'Serios investigadores sociales observan que están cambiando las actitudes de la sociedad industrial, cuando las máquinas de las fábricas marcaban las pautas de la vida y el trabajo'. En la sociedad de redes actual, los wired workers (término del sociólogo británico Anthony Giddens, refiriéndose a los trabajadores de la red en su lucha contra la marea de datos) y el technostress se contradicen con el imperativo de competitividad y creatividad que reclama la moderna sociedad del conocimiento. Antes era la gente de la Iglesia y los políticos quienes ejercían una función de modelo social. 'Hoy son los manager', afirma el ex monje y consultor Anselm Bilgri, fundador de la consultora Zentrum für Unternehmenskultur, de Múnich, que asesora a la élite económica alemana en cuestiones éticas. Para Bilgri, la cultura empresarial de valores es esencial para tener éxito a largo plazo.

¿Empresa feliz? 'Supongo que no tenemos que renunciar a ella', afirma el profesor de comportamiento organizacional del Instituto de Empresa, Ignacio Álvarez de Mon. 'De lo que estoy seguro es que hay empresas dónde uno puede ser más o menos feliz, cada uno tiene que tratar de buscar la suya. Creo que debe ser nuestro desafío personal tratar de encontrar a nuestro yo feliz. En la medida en que no renunciemos a ese ideal, lo exigiremos para nosotros y los que trabajan con nosotros'. En cualquier caso, muchos expertos están convencidos de que las cosas no pueden seguir así. Melinda Davis, investigadora estadounidense de tendencias, afirma: 'En los últimos años nos hemos vuelto todos un poco locos y hemos creado un mundo en el que ya no podemos vivir'. Su colega Faith Popcorn constata: 'Mucha gente no está de acuerdo con el estilo de gestión de algunos consorcios.' Popcorn acaba de realizar una encuesta a los jóvenes estadounidenses en la que se les consulta si querrían entrar en la misma empresa en la que trabajan sus padres. Resultado: 'Prácticamente nadie.'

El compromiso social y el equilibrio entre vida y trabajo se han convertido en una baza estratégica de las empresas, confirma la experta en directivos Jutta Rump, de la Escuela Superior de Ludwigshafen (Alemania). Es la nueva fórmula para reclutar y motivar. Desde la pequeña empresa hasta el gran consorcio Volkswagen (cuyo nuevo lema es Vivir y trabajar en el mundo VW) anuncian conciliación, teletrabajo y la posibilidad de permisos y periodos sabáticos. Pero Rump advierte que no habrá una revolución work life balance para todos, sino sobre todo para los 'insustituibles'. 'Hay quienes construyen óperas; nosotros invertimos en la felicidad de nuestros empleados', dice Gunnar Grosse, empresario que fundó en Alemania la electrónica Komsa AG, premiada en muchas ocasiones por sus esfuerzos conciliadores. Dispone de servicios de guardería, espacios deportivos y wellness y ofrece teletrabajo y flexibilidad de horarios. Y la empresaria Antonnela Lorenz, fundadora de Lorenzsoft, de Múnich, permite a sus programadores trabajar el tiempo que quieran, salir de compras y sentarse en un café en horario de trabajo. Se basa en una forma de organización del trabajo por objetivos realistas diarios.

Pero la gestión humanista y la responsabilidad social empresarial no constituyen una actividad paralela, sino que se refieren al modo de gestión y producción (ecológico, social y sostenible) en el núcleo de negocio de la compañía. 'Y casi todas las empresas están todavía muy lejos de ello', dice Paschen von Flotow, jefe del Sustainable Business Institute (SBI) de la European Business School en Oestrich-Winke. No obstante, los expertos en responsabilidad social reconocen los pasos dados por empresas como Toyota (coche híbrido), el líder de textil por catálogo Otto (cultivo de algodón sin química y sueldos justos en África) y Unilever (compromiso de pesca sostenible).

El estilo Weleda

Del grupo suizo Weleda, de cosmética natural y medicina antroposófica (contraria al concepto mecanicista de la medicina y del ser humano), se elogia su concepto global de sostenibilidad, además de haber sido elegida mejor empleador en 2004 por el fomento de políticas sostenibles por la Universidad de Trier, y premio Familia, factor de éxito 2005, del Gobierno alemán.

El auge de la empresa sostenible tiene también que ver con el nuevo consumo responsable: No quiero productos de papel no reciclado. No quiero ser cliente de una compañía sin conciencia ecológica y social, que no emplee a mujeres, que no concilie o que no apueste por plantillas plurales. Porque el cliente inteligente está aquí. El Homo economicus no sólo busca elevados beneficios o precios bajos. Es parte de una economía, en la que cada vez importan más la comunicación y las ideas y los valores sociales. 'Antes la gente sobrevivía, no consumía. Pero, en el último medio siglo, el cliente es el rey y, el consumo, el motor de la modernidad'. Los clientes inteligentes quieren productos inteligentes. Lo social, lo cultural y lo ético influyen cada más en los mercados.

Quien consigue identificar muy bien la marca con los puestos de trabajo es Google. Para la investigadora de tendencias Popcorn, es un ejemplo de marca fuerte, con mucho poder, no sólo por el impacto de sus productos sino porque vende su marca vinculada a la imagen de la compañía y a la de sus trabajadores. 'Toda su cultura empresarial es parte de la marca. El aspecto de su restaurante. Cómo recluta a su gente. Todo parece fantástico: el lugar más cool y hip para trabajar.'

'Sin conciencia no puede haber calidad'

Los investigadores de tendencias afirman que en el futuro se evaluarán las competencias de felicidad de la economía y de las empresas. ¿Cree que el futuro es de las compañías responsables y sostenibles que ofrecen mayor calidad de vida a las personas?

Sin duda alguna. Quienes todavía crean que las empresas enfocadas exclusivamente al beneficio asumen una máxima responsabilidad social se equivocan. El criterio del máximo beneficio está registrando matizaciones. Por supuesto, habrá siempre empresas que lo obvien y tengan éxito. Pero, sin conciencia no puede haber calidad. Y precisamente la calidad de la cultura empresarial se está convirtiendo en un factor decisivo para la opción de empleo de mucha gente con talento.