Frase de la Semana

El éxito es el premio del esfuerzo personal; sigue siempre adelante te espera un mejor futuro. El éxito es el fruto del trabajo y la grandeza personal para poder llegar a obtenerlo. El éxito se obtiene solo con pensamiento firme y seguro de saber lo que se quiere llegar a ser.
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'Mobbing': la pesadilla que se vive en el trabajo


Que a una le digan una vulgaridad en la oficina es desagradable, pero no es mobbing. Que le comenten que su trabajo es una basura le puede molestar, pero a eso tampoco se le puede llamar mobbing. Para poder utilizar este término (que procede del verbo inglés to mob, acosar) no basta con que se trate de una conducta "no deseada por la persona agredida". Tiene que repetirse un día tras otro, así como generar "un entorno laboral odioso o ingrato, humillante u ofensivo". Así lo resume Manuel Martín, socio del despacho de abogados Sagardoy, que se ha ocupado de un buen número de casos de acoso en el lugar de trabajo. Cifras no oficiales revelan que entre el 5 y el 15 por ciento de los empleados españoles sufre este mal.

Existe mobbing, explica este abogado, "sólo cuando la agresión vulnera los derechos fundamentales". Esa conducta tiene un objetivo: "Atentar contra la dignidad personal". Y, como se ha señalado, tampoco se puede hablar de mobbing si la agresión es puntual: es preciso que sea continuada.


Según explica José María Gasalla, director del programa de Dirección y Desarrollo de Personas de Esade, se trata de un "acoso sistemático y continuado durante un periodo de tiempo de cuatro a ocho meses como mínimo". En este reportaje se relatan varios casos reales de acoso, algunos de los cuales llegaron a los tribunales.


Antonio luchó

Antonio aún trabaja en el mismo banco en el que lo pasó tan mal hace algún tiempo. Angustiado por el acoso al que estaba sometido, pidió la baja voluntaria. Cuando en la compañía lo entrevistaron para conocer los motivos de su marcha, se derrumbó. Confesó que llevaba más de un año sufriendo el acoso de un superior. Éste se relacionaba con normalidad con todos sus compañeros, mientras que a él ni siquiera lo miraba.


Cuando el acosado acudió a pedir ayuda al jefe de su jefe, él le pidió que no lo molestara. En este caso no hizo falta recurrir a los tribunales: una vez comprobado que había existido acoso, la empresa pidió al empleado que se quedase y se despidió a los dos jefes. Antonio es gay y se demostró que su orientación sexual había sido el detonante del maltrato.


"El objetivo del acoso es que la víctima se sienta mal e incluso llegue a justificar el acoso porque entiende que no aporta lo suficiente a la organización en que trabaja", explica José María Gasalla, de Esade. Es posible que a Antonio le queden, bien de por vida o por un tiempo, secuelas de aquella etapa. Miguel Gutiérrez Fraile, portavoz de la Fundación Española de Psiquiatría, explica que las consecuencias son más graves cuanto más dure el acoso, aunque también influyen factores como la fortaleza mental del acosado o su situación familiar. Así que una de las claves es que esa situación se prolongue el menor tiempo posible.


Una víctima de acoso moral puede sufrir, entre otros, los siguientes problemas físicos y psicológicos: estrés y ansiedad cuando el problema es reciente; depresión, si el acoso persiste; es posible que adelgace o engorde, que sufra trastornos digestivos, endocrinos, vértigos, hipertensión arterial. Una vez finalizado el acoso es posible que le queden secuelas, desde el estrés postraumático hasta una vergüenza recurrente o cambios duraderos del estado de ánimo. En algunos casos incluso se modifica el carácter de la persona que lo ha sufrido, que puede llegar a presentar rasgos paranoicos.


Según Gutiérrez Fraile, los daños más frecuentes derivados de esta situación son: "Estrés crónico, trastorno de adaptación con síntomas ansiosos y depresivos". Estas secuelas "pueden cristalizarse a lo largo del tiempo e incluso cambiar la personalidad de la víctima".


José ya no es militar

José tenía unos 40 años y una trayectoria profesional brillante en el mundo militar cuando se topó con un superior que se empeñó en interrumpir su progresión. Recibió durante años un trato vejatorio y acabó por enfermar mentalmente. Miguel Gutiérrez Fraile fue perito en el juicio en que se analizaron los hechos de este caso y gracias a su informe se reconoció que, efectivamente, había existido acoso laboral. Como consecuencia de aquella situación continuada, José sufría trastorno de adaptación con síntomas de ansiedad y depresion. Ganó el juicio y consiguió la invalidez por accidente de trabajo, pero abandonó su carrera para siempre.

¿Quién sufre acoso? ¿Existe un perfil? Hay dos tipos de acosados, explica Gutiérrez Fraile, que es catedrático de Psiquiatría de la facultad de Medicina en la Universidad del País Vasco: el que supone una amenaza para sus compañeros por su valía profesional y el que tiene una salud mental y física inferior a la del resto, lo que le impide rendir al mismo nivel que sus colegas. José pertenecía al grupo de los primeros.


El acosador se diferencia del maltratador en que éste no actúa en grupo, mientras que el primero cuenta con el silencio cómplice de los compañeros que ven lo que ocurre y no hacen nada. Según José Manuel Martín, socio del despacho Sargadoy, quien acosa es "un narcisista que piensa: Aquí no puede brillar nadie más que yo. No le mueve el beneficio de la empresa, sino un sentimiento personal. Ataca al más débil con el objetivo de dar ejemplo a todos los que están a su alrededor, poniendo así de relieve que con él no puede nadie".


Dice José María Gasalla: "Son personas competitivas y psicologicamente hábiles para desestabilizar a otras. Da la impresión de que, en el fondo, tienen un problema de inseguridad".


Falsas víctimas

El señor Iglesias trabajaba en una gran empresa y se consideraba acosado, así que demandó a la compañía. Según él, todo había empezado cuando pidió reincorporarse a su puesto de director general, estando en plena excedencia. El motivo que le llevó a hacerlo es que quería solicitar la inclusión en un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) de la compañía, que ofrecía condiciones de prejubilación muy ventajosas.


Así que volvió, pero apenas tuvo trabajo durante dos meses. Un tiempo durante el cual, según José Manuel Martín (su despacho, Sargadoy, llevó el caso) le fue posible cogerse vacaciones, atender otras ocupaciones... Iglesias no sólo se quejó de la falta de actividad, sino también de que su puesto de trabajo estaba en una planta distinta a la de su departamento y de que su nombre no aparecía en el directorio telefónico.


En su demanda, Iglesias pedía que aquello se considerase mobbing y que se le indemnizase con 1,8 millones de euros. Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid estimó el recurso de la empresa. Martín explica que, cada año, el despacho Sagardoy lleva unos 50 ó 60 casos de acoso y que, de ese número de demandas, pocas responden a situaciones reales de mobbing. "En las demandas se abusa de la alegación de acoso. Hoy es difícil encontrar una demanda por extinción de contrato que no incluya una referencia a la lesión de derechos fundamentales o acoso".


Según José María Gasalla, de Esade: "Hay gente delicada que se siente acosada porque el jefe no le mira a la cara. Hay víctimas, pero también victimistas. Algunas personas son el quejido permanente y lo único que hacen es quejarse, justificarse y buscar culpables".

Cuando ella dijo no

Carlota no pudo permitirse dejar su trabajo, aunque se moría de ganas de desaparecer. Su jefe le propuso mantener relaciones sexuales y ella se negó. El no acceder a los deseos de su jefe marcó su vida. Aquel hombre impidió su desarrollo profesional, en parte bajando la cualificación del trabajo que ella debía realizar.


Carlota nunca acudió a los tribunales. El psiquiatra Gutiérrez Fraile explica: "Las dificultades de diagnóstico y de denuncia de estas situaciones son muy complicadas". El gran obstáculo al que se enfrenta quien denuncia una situación de mobbing es la dificultad para probarlo.


Miguel también cuenta su caso: "Se produjo un cambio organizativo en la cúpula de la empresa en la que yo trabajaba. De repente, decidieron cambiarme de despacho, trasladarme a uno más pequeño y quitarme la tarjeta de crédito. Después de aquello, me anunciaron que ya no podría hacer viajes de trabajo. Quise recurrir a los máximos dirigentes de la empresa, pero nunca podían recibirme. Prácticamente se minimizaron mis funciones". A menudo el acoso responde a intereses, explica esta víctima: es una forma de colocar a un amigo en un cargo de poder.


¿Qué hacer si me acosan?

¿Qué puede hacer alguien que está sufriendo acoso moral en el trabajo? Gasalla afirma: "Lo primero, lo más importante, es que esa persona no guarde para sí ese problema. Debe comentarlo con las personas que tengan una alta valoración de él, como los amigos o la familia" Ellos podrán ayudarle a ver si realmente existe un acoso. "Y segundo: si el afectado ve que ese trato se convierte en sistemático, también debe consultarlo con un psicólogo que le explique cómo aguantar el tipo y con un abogado. El mayor error es guardárselo".


No todos somos iguales; no todos nos comportamos del mismo modo ante una situación como ésta, indica José María Gasalla: "Los afectados no tienen por qué ser débiles mentalmente y no todos terminan cayendo en una depresión ni destruyendo su autoestima. Algunas personas son perfectamente capaces de aguantar".


El acoso laboral tiene consecuencias más negativas para las víctimas que el sexual


Puede parecer políticamente incorrecta, pero la conclusión a la que ha llegado el primer metanálisis que ha comparado los efectos perjudiciales del acoso laboral con los que provoca el acoso sexual es clara. Según los datos recopilados de 109 trabajos sobre el tema a lo largo de 21 años, aunque ambas acciones tienen efectos negativos sobre la salud de quienes las sufren, éstos son más graves y duraderos en las víctimas del 'bullying' que en las del acoso sexual.

"Analizando hasta un total de 12 variables, que incluyen entre otras, la satisfacción en el trabajo, el estrés laboral, los niveles de ira y ansiedad o el deseo de abandonar la empresa, hemos encontrado que todos estos sentimientos son mucho más negativos en las personas que están sufriendo acoso laboral —comportamientos verbales y psicológicos orientados a humillar a alguien— que entre quienes sufren acoso sexual", afirma a elmundo.es Sandy Hershcovis, de la Universidad de Manitoba (Canadá) y autora del estudio, que ha presentado en la Conferencia sobre Trabajo, Estrés y Salud de la Asociación Americana de Psicología (APA).

Hershcovis no quiere que se malinterpreten sus conclusiones, por eso matiza que "es evidente que el acoso sexual es una experiencia traumática y perjudicial para las víctimas y en ningún caso estamos negando esta realidad. Pero nuestra investigación apunta a que estos efectos son más acusados en el otro tipo de acoso".

Para esta experta y sus colegas de investigación una de las razones por las que las víctimas del 'bullying' en el trabajo lo pasan peor es porque no encuentran respaldo por parte de los jefes y de la legislación. "El acoso sexual está mal visto en la sociedad y la mayoría de países y organizaciones cuentan con normas para combatirlo, por lo que las personas que lo sufren se sienten, por lo general, arropadas cuando cuentan su problema. Sin embargo, en el caso del acoso laboral no ocurre lo mismo. No hay prácticamente normas que castiguen este comportamiento y las víctimas tienen que enfrentarse solas a la situación, por lo que la experiencia es aún más traumática", indica la autora.

"El acoso laboral es mucho más sutil y es fácil que pase desapercibido para el resto de trabajadores. ¿Cómo demuestra un empleado ante su jefe que está siendo discriminado por sus compañeros, que le hacen el vacío a la hora de comer o que difunden rumores falsos sobre él?", se pregunta Sandy Hershcovis. La respuesta que encuentra y que comparte con elmundo.es es que "en la actualidad, las personas que experimentan estas agresiones poco pueden hacer. Si lo denuncian, lo más probable es que los agresores se ceben aún más ante la dificultad de demostrar los hechos. A menudo, la única solución es abandonar la empresa, pero la autoestima, el estrés y otros problemas no se irán tan fácilmente".


Un silencio doloroso

Para el estudio, el acoso sexual se dividió en tres clases: acoso por género —que consiste en actitudes verbales y no verbales que resultan insultantes y humillantes para una mujer— ; la atención sexual no deseada —que incluye comportamientos sexuales no deseados y ofensivos—; y el 'quid pro quo', que es la extorsión para que una mujer haga un favor sexual a cambio de un ascenso laboral. En cuanto al acoso laboral incluye insultos, ocultar información, comentarios negativos sobre el trabajo de la víctima, difundir rumores falsos y amenazas.

Los investigadores indican que al castigar la legislación el acoso sexual pero no así el laboral, las víctimas de este último "sufren en silencio y no cuentan con el apoyo de sus compañeros, lo que mina su salud tanto física como psíquica y emocional". Además, temen represalias si lo comentan con alguien, lo que les genera más ansiedad todavía.

"La creencia de que el acoso sexual puede ser más serio y grave que los otros tipos de agresión se debe a su naturaleza sexual, que la hace más inmoral y desagradable ante los ojos de los demás. No obstante, las evidencias constatan que el acoso laboral tiene las mismas consecuencias negativas e, incluso, más agravadas", concluye Sandy Hershcovis.

"Los efectos negativos no son sólo para la víctima, aunque ella es quien más lo sufre, sino también para la empresa en términos de productividad y pérdidas. Aunque sólo sea por este motivo, las compañías deberían ser más duras a la hora de castigar este tipo de comportamientos, que perjudica a la víctima a nivel afectivo, emocional, físico y psíquico y afecta a su relación con los demás", añade.

Línea directa con el acosador

Internet y la telefonía móvil potencian la persecución virtual, conocida como ‘stalking'.


"Pasé miedo. La última vez estuvo tres horas en la puerta de mi casa llamando a mi móvil y mandándome mensajes". Pilar (nombre ficticio), de 28 años, terminó una relación sentimental hace cuatro meses, pero su ex novio sigue acechándola.


Como en su caso, los acosadores encuentran herramientas tecnológicas cada vez más directas e invasoras para llegar a sus víctimas. A la persecución física se han sumado los correos electrónicos, sms, chats y llamadas directas al móvil. "Lo más molesto es la insistencia y que tiene línea directa conmigo. Te asusta y pasas todo el día dándole vueltas a la cabeza", explica Pilar.


Esta forma de acoso es conocida en el terreno de la psicología como stalking. "Es difícil saber si está en aumento o si lo que ha crecido es la sensibilidad por el efecto de las nuevas tecnologías", explica Laura De Fazio, profesora de criminología y una de las autoras del libro Percorsi di aiuto per vittime di stalking (Rutas de auxilio para víctimas de stalking).




Aislamiento progresivo

El stalking empieza como una simple molestia, poco a poco se convierte en un temor y acaba siendo una pesadilla. Este proceso puede desarrollarse en pocas horas o tras varios meses y crea en la víctima "estrés, ansiedad, irritabilidad, falta de concentración, insomnio y fatiga", explica la psicóloga Elena de Mariana.


El perfil tradicional de las víctimas era el de "una mujer treintañera, atractiva, separada y no religiosa pero en la última década se ha diversificado", explica de Mariana. Entre los acosadores hay un protagonismo de las antiguas parejas, pero es frecuente encontrar también a compañeros de trabajo, familiares o amigos.




Acoso en el trabajo

Es el caso de Raquel, responsable de CCOO en unos grandes almacenes. Sufrió la persecución de uno de sus jefes y, aunque ganó el juicio, sufrió el rechazo de parte de sus compañeros.


"En el trabajo no rindes igual y, aunque mi marido quiso denunciarlo desde el principio, teníamos una hipoteca que pagar y no podíamos arriesgarnos a que me despidiesen", reconoce. Después del juicio, el número de teléfono de Raquel circuló durante días entre los móviles de varios hombres, que le llamaron solicitando encuentros sexuales.


Como en los casos de maltrato -a pesar de que ambos están tipificados como delito en España- es frecuente que las víctimas no sepan dónde acudir, se sientan culpables y piensen que ellas han provocado la situación.

El acoso sexual hay que poder denunciarlo


El 10% de las trabajadoras recibe presiones de este tipo, pero suele silenciarlo por la falta de apoyo empresarial.



Te sientes cómoda trabajando junto a tu jefe y a tus compañeros? ¿Te han intimidado o chantajeado para mantener relaciones sexuales? ¿Te has reprimido de explicar ciertos incidentes por miedo a perder tu trabajo? Éstas son algunas de las preguntas más frecuentes que los expertos en psicología laboral suelen hacer a mujeres que pueden estar siendo víctimas de acoso sexual.

No en vano, una de cada 10 trabajadoras españolas ha padecido este tipo de violencia física y psicológica, según el Instituto de la Mujer. El 2,1% lo ha afrontado a un nivel "muy grave", lo que implica "abrazos, besos y tocamientos no deseados; presión para conseguir sexo a cambio de mejoras laborales o incluso bajo amenazas de despido". El 3,6% de las asalariadas, por otro lado, reconoce haber sido acosada de forma "grave", siendo "preguntadas acerca de su vida sexual y sobre la posibilidad de mantener relaciones fuera del trabajo".


En orden a frenar esta escalada de violencia psicológica, la Ley de Igualdad penaliza con sanciones de entre 3.000 y 90.000 euros a los acosadores, así como a sus empresas, que "deben impulsar, junto con los sindicatos, planes de formación, prevención y protección para que este acoso pueda ser denunciado", señala Carmen Bravo, secretaria confederal de la mujer de CC OO. A su juicio, "el silencio de las víctimas es lo que da fuerza a los acosadores".


En esta misma línea apunta la psicóloga Luisa Velasco, subinspectora de la policía local de Salamanca, que imparte cursos de formación para prevenirlo: "El acoso sexual es difícil sacarlo a la luz por su dificultad de probar los hechos, ya que los incidentes más graves suelen llevarse a cabo en ambientes privados, lejos de cualquier testigo neutro". Además, "es un tema muy incómodo, tanto social como profesionalmente". Ésta es la razón por la que en un 75% de los casos la víctima permanece callada. Y lo cierto es que en caso de comunicarlo, la mitad de las veces la empresa "no hace nada", según el Instituto de la Mujer.


"Hoy por hoy, a las organizaciones les importa más la imagen que puedan dar al exterior que resolver sus problemas internos", lamenta la socióloga Carme Alemany, experta en acoso sexual. "No se trata de caer en el paternalismo, pero sí de promover la igualdad a través de mecanismos internos que posibiliten la verbalización de una problemática apenas visible, pero que merma la calidad laboral de muchas mujeres".




Complejo de inferioridad

Aunque existen casos en los que el hombre es el acosado, normalmente ejerce el rol de acosador. Para Miguel Pérez, profesor de psicopatología de la Universidad de Salamanca, "los acosadores suelen padecer complejo de inferioridad, por lo que persiguen los favores sexuales de sus víctimas para sentirse superiores".


Así, el acoso sexual "esconde el anhelo de conseguir y preservar el poder sobre los demás", sostiene este experto. No en vano, "se trata de personas que tras una fachada fría, dura e intimidadora, suelen ser extremadamente frágiles y vulnerables, temiendo ser dominados, controlados o heridos por sus jefes y demás compañeros de trabajo". Es la paradoja de la condición humana: "Los acosadores hacen a los demás justamente aquello que no quieren que les hagan a ellos".

Acoso laboral en el fútbol

La situación por la que están atravesando en estos momentos algunos jugadores del Valencia tras la llegada del nuevo entrenador, Ronald Koeman, me recuerda mi llegada a Almería para organizar los Juegos Mediterráneos. Me encontré con una pequeña oficina con 5 trabajadores y un contrato de duración muy peculiar: "hasta el nombramiento del Consejero Delegado", en este caso, yo mismo. Y, claro, la papeleta era peliaguda. Por un lado, estaba bien que no hubieran hipotecado el funcionamiento de la oficina con trabajadores de obligado cumplimiento, pero, por otro, llegar a una ciudad nueva y que el primer acto organizativo fuera echar a la calle a cinco trabajadores no era empezar amablemente, aunque pudiera justificarse.

Bueno, pues eché mano de los manuales de psicología del trabajo y decidí que los cinco trabajadores siguieran y llegaron hasta los Juegos. Fueron de lo mejorcito. Por ello, no entiendo el atrevimiento de Koeman dejando fuera del equipo o de las convocatorias, como eufemísticamente se quiere llamar a este supuesto despido encubierto, a tres jugadores con contrato en vigor y de la categoría de Albelda, Angulo y Cañizares, cuyo contrato no pone precisamente "hasta que llegue el nuevo entrenador", sino que, como en el caso de Albelda dura hasta 2011.

Por ello, yo recomendaría al entrenador del Valencia, aunque quizás ya es tarde, que leyera algún manual de psicología de trabajo y por extensión de psicología del deporte, para que estudie las formas de tratar a un colectivo humano y su adaptación al puesto de trabajo. Todo eso de la integración, cooperación, motivación, el ambienteÉY no hace falta que se vaya muy lejos. No hace falta que busque autores americanos renombrados. Puede acudir a la propia Universidad de Valencia, con grandes profesores especializados en psicología del trabajo y de las organizaciones o en psicología del deporte, como Peiró, Quintanilla, Balaguer, Ramos, Castillo, Escartí..., le podrían asesorar.

Desde luego, no es lo mejor llegar a una ciudad y a las primeras de cambio cargarse jugadores históricos, porque luego pasa lo que pasa: la gente ve las lágrimas de Albelda, que encima es de la terreta, o una enfermera del hospital de Alzira sale contando el lado humano de Cañizares y se levanta en armas.
Eso es "soliviantar a las masas", que acaban con que si Koeman y Bakero son del Barça y quieren cargarse al Valencia. De manera que, en esa línea de asesoramiento gratuito con el que he empezado el año, también le recomendaría leer un clásico de la literatura, más incluso que de la psicología, aunque esté hoy ya superado: La psicología de las masas, de Sigmund Freud.

Algunos, en la línea de las justificaciones, han dicho que Capello en el Madrid hizo lo mismo el año pasado. Al margen de que porque otro club lo haga no tiene porque hacerlo el Valencia, las situaciones eran radicalmente distintas. Por ejemplo, Beckham terminaba contrato y había acabado de anunciar que se iba a un equipo americano, el Galaxy, al igual que Helguera (con los que luego se rectificó), a Cassano lo había fichado el anterior Presidente, no jugaba con el anterior entrenador y Capello empezó poniéndolo hasta que, al parecer, le insultó en el vestuario, y a Ronaldo acabaron traspasándolo al Milán, donde sigue, prácticamente sin jugar, por un módico precio. Con este traspaso perdieron dinero, pero infinitamente menos que pueden perder con sus tres jugadores el Valencia.

Y esa es la cuestión, lo extraño de la situación y hasta el ridículo que están haciendo algunos. El entrenador les aparta del equipo y les dice que se busquen equipo, publican en la web y en un comunicado a los medios de comunicación, más o menos que su vida deportiva se había acabado, luego sale el presidente y, como decía Mario Moreno, Cantinflas, "lo desniega", y remata la faena, de nuevo, el entrenador públicamente, resto de jugadores y cámaras de televisión incluidas, reafirmándose en su primera versión y como todo el mundo ha comprobado los ha apartado del equipo.

Todo lo sucedido y tal y como ha sucedido, porque hay formas y formas, se denomina con una palabra que se ha puesto de moda (maldito inglés) en el mundo sindical y de las empresas: mobbing, o sea "acoso laboral". Y hay ya tanta jurisprudencia laboral y tantas sentencias favorables a los trabajadores por hechos similares que los dirigentes del Valencia harían bien en negociar con sus jugadores la rescisión amistosa de sus contratos o se expondrán a pagarlos íntegramente (parece que alrededor de 18 millones de ?) y algo más por eso del mobbing.

Probablemente, no los 60 millones de euros que pide Albelda, (que es lo que pone su cláusula de rescisión, ¡ojo!), pero cuidado, cuidado, que este tema es muy serio.

Un acoso que quita las ganas de trabajar


Estudio de la Universidad de la Sábana dice que en Colombia la presión de los jefes se refleja en pesadillas. Jóvenes, los más afectados.

De cada mil trabajadores 104 han sido víctimas de acoso laboral, concluyó un estudio de la Universidad de la Sabana. Los más vulnerables son los jóvenes por su edad y falta de experiencia, aunque los mayores de 35 años sienten el mayor temor de ser despedidos.

Claudia Peralta, investigadora y docente de la facultad de Psicología de la institución, dijo que la muestra, en la que se consultó a 210 personas en Bogotá, sirve para comprobar tendencias generales en todo el país y agregó que una de las formas más comunes de acoso laboral en Colombia es la sobrecarga de trabajo y se refleja en pesadillas e insomnio.

Es que, según Peralta, acoso laboral son todas las manifestaciones en las que, de manera continua y persistente, se ataca la dignidad de la persona. Esto produce que la víctima se sienta indefensa y todos sus esfuerzos laborales resulten infructuosos.

“La mayor queja de los empleados es la sobrecarga de trabajo en tareas que resultan intrascendentes. Quienes más reportan este tipo de acoso son los hombres, aunque la diferencia con las mujeres es mínima", dijo la docente.

El estudio se hizo entre administradores, enfermeras, ingenieros, psicólogos y abogados, pero en cualquier punto laboral se puede sufrir acoso, porque se trata de una situación irregular.


Cifras

  • 2% de las personas maltratadas laboralmente han intentado suicidarse.
  • 18% de las personas agredidas permanece en su puesto de trabajo pese al acoso.


  • El acoso laboral afecta la salud de las personas, por lo menos el estudio revela que es común que las víctimas presenten dolor de cabeza y de espalda, insomnio, ausentismo y retardos, porque no tienen ganas de ir a trabajar.

    Los sometidos a este tipo de agresión se ven enfrentados a insultos persistentes, burlas, apodos ofensivos, críticas, abuso físico y personal e incluso, pueden sentirse agredidas por actos menos evidentes como la exclusión del grupo de compañeros.

    Entre los encuestados el 17% dice estar atento extremadamente a todo, el 15% tiene recuerdos, pensamientos e imágenes del acontecimiento laboral que le provoca malestar, el 14% tiene dificultad para concentrarse, igual porcentaje está irritable, el 13% ha reducido el interés o participación en actividades significativas y el 13% manifestó ansiedad.

    Según la docente Claudia Peralta la causa para que las personas sigan en sus trabajos, aún con las condiciones de acoso, es el temor de perder el ingreso económico.

    Más datos

    Para mejorar la situación busque apoyo en la misma organización con el psicólogo o el área de recursos humanos.

    Las pruebas que puede aportar una persona para demostrar acoso laboral son testigos o documentos tales como memorandos.

    El dato clave

    Las personas deben saber qué es el acoso laboral, que es un hecho anormal y no culpabilizarse.

    El conflicto y enfrentamiento no es acoso moral

    Se estudia el caso de un empleado que demanda a su empresa alegando que ha sufrido acoso moral que ha derivado en una incapacidad absoluta para trabajar. El tribunal analiza pormenorizadamente la figura del acoso moral en el ámbito laboral, concluyendo que en este caso no se produjo.

    El trabajador alegaba en el juicio la existencia de graves perjuicios psicológicos sobre la base de una conducta empresarial de acoso moral. Indicaba que había dejado de efectuar funciones directivas dependientes del presidente, se le había quitado el despacho, se le obligaba a efectuar horas extras que no se abonaban y no se le había pagado el bonus que venía percibiendo, entre otras cosas.

    El tribunal analiza la figura del acoso, indicando que es objeto de un estudio multidisciplinar en el que participan la Psicología, la Psiquiatría, la Sociología y el Derecho.

    El diccionario de la Real Academia de la Lengua define "acosar" como "acción de perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona". Añadir el calificativo de "moral" incide en que persigue el desmoronamiento íntimo y psicológico de la persona. Cuando en la condición humana predominan los instintos, sin control por la razón, la perversión del hombre es capaz de generar los más abominables sufrimientos, señala el tribunal, y laten en el acosador instintos y sentimientos de envidia, frustración, exacerbado egoísmo, celos, miedo, rivalidad y, muy particularmente, narcisismo. Ello puede generar graves problemas de convivencia y producir lesiones psíquicas en el acosado, deteriorando su normal integración en el seno de la empresa, lo que conduce al absentismo laboral por baja médica, que trastorna el normal desarrollo del trabajo y la consiguiente carga para las arcas de la Seguridad Social. Tales efectos pueden trastocar su entorno familiar, laboral y social.

    El acoso moral debe tener siempre la intencionalidad o elemento subjetivo, orientado a conseguir el perjuicio moral de otro, y la reiteración de esa conducta de rechazo que se desarrolla de forma sistemática durante un período de tiempo.

    Lo que lo caracteriza es la sistemática y prolongada presión psicológica que se ejerce sobre una persona en el desempeño de su trabajo, tratando de destruir su comunicación con los demás y atacando su dignidad personal con el fin de que, perturbada su vida laboral, se aleje de la misma provocando su autoexclusión. Puede ser ejercido por un superior o por un compañero –acoso vertical y horizontal–.

    No puede, sin embargo, confundirse el acoso moral con los conflictos, enfrentamientos y desentendidos. El conflicto, que tiene sus propios cauces de solución en el Derecho del Trabajo, es inherente a éste, al menos en una concepción democrática y no armonicista de las relaciones laborales. Se ha llegado a afirmar que es "una patología normal de la relación de trabajo".

    Concluye que el trabajador no aportó indicios suficientes de hostigamiento y conducta acosadora y desestima su recurso.

    ¿Se siente acosado en la oficina?

    El “mobbing” o acoso en el trabajo puede ser: humillaciones, aislamiento, que lo ignoren, que no lo tomen en cuenta, que no oigan sus opiniones, críticas destructivas, o un cargo muy por debajo de sus capacidades.

    Si se encuentra en esta situación es probable que sus superiores estén cometiendo un abuso de poder, una conducta conocida como acoso moral laboral y se trata de una práctica muy común en la actualidad.


    El psicólogo alemán Heinz Leymann definió el “mobbing” como “una técnica de intimidación silenciosa, que va minando psicológicamente a la víctima, aislándola y despertando inseguridad en ella de forma persistente y prolongada, hasta que finalmente el afectado decide abandonar la empresa”.


    Según el profesional de la psicología, el afectado que continúa trabajando bajo estas condiciones asume una actitud defensiva por tener una sensación permanente de amenaza y como resultado adopta sentimientos de fracaso, impotencia y baja autoestima.


    Tal como expresa el administrador de empresas Giancarlo López, esta práctica conlleva a una fuga de recurso humano: “Lo primero que hay que hacer es buscar el apoyo de un profesional de la psicología, quien sabrá orientar a la persona sobre cómo enfrentarse a esta incómoda situación”.

    López aconseja también buscar dialogar con los superiores para tratar de encontrar cuáles son las razones que estos puedan tener para actuar de esa forma.

    “Una charla abierta y precisa puede aclarar muchos aspectos y hasta hallar una solución” a este común problema.

    Un total de 46 personas han denunciado acoso laboral en lo que va de año en Aragón


    Un total de 46 denuncias se han presentado en Aragón en el primer semestre del año 2007 frente a las 95 del 2006. El presidente de Asacapt, Eugenio Calleja, afirma que las mujeres lo sufren más que los hombres, y que es más habitual que se produzca desde los puestos de responsabilidad que entre compañeros.

    Zaragoza.- Un total de 46 personas en Aragón han denunciado acoso laboral en el primer semestre del año, según un estudio del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Es una cifra muy similar a la de 2006 cuando, en todo el ejercicio, se presentaron 95 denuncias.

    Un estudio de la Asociación contra el Acoso Psicológico en el Trabajo, Asacapt, afirma que las mujeres sufren más ´mobbing` que los hombres. “El 58,3% son mujeres y el 41,6 % son mujeres dándose la circunstancia de que cuando se da en el entorno laboral un acoso sexual, si no va adelante, se pasa a la etapa del acoso psicológico y empieza el acoso laboral”, ha apuntado el presidente de Asacapt, Eugenio Calleja.

    Además, es una realidad que se sufre en cualquier edad, ya que de ese mismo estudio se desprende que el 15% de los casos se da en menores de 32 años, el 41 en persona de entre 32 y 45 años y el 43 en mayores de 45. Calleja ha manifestado que en el caso de los mayores “suele ser porque esas personas llevan muchos años en la empresa y el empresario no quiere llegar a ninguna solución pactada por lo que busca el mecanismo del acoso para que presente su dimisión”. Sin embargo, en el caso de los más jóvenes las razones tienen que ver más con el miedo. “Es gente con una preparación y un nivel de desarrollo mayor y se le ve como un peligro que puede quitar el puesto de trabajo”, asegura Calleja.

    El perfil del acosador

    En la gran mayoría de los casos son las personas con mayor responsabilidad quienes ejercen el ´mobbing` aunque entre compañeros también se da en un 30%. Según Calleja esta es la razón por la que es más habitual el acoso hacia mujeres. Eugenio Calleja ha definido al acosador como “psicópatas que saben utilizar bien la psicología y cuándo aprovechar un momento de debilidad de la persona para volver a la carga”. Además, el presidente de Asacapt tiene claro cuál es el objetivo del acosador: “que la otra persona abandone la empresa”.

    Consecuencias del "mobbing"

    Existen registradas más de 40 variantes de acoso laboral entre las que se incluye dejar sin nada que hacer a un empleado, acusarla sistemáticamente de errores laborales, insultarle o injuriar a su entorno familiar. Todas ellas pueden provocar consecuencias para el acosado, sobre todo, en lo que a la salud se refiere como “ansiedad, insomnio, se come mal, se pierde autoestima…”. Pero también afectan a las relaciones con el entorno y tiene consecuencias económicas tanto para la víctima como para la Seguridad Social.

    Eugenio Calleja afirma que es fundamental hacerse oír cuando se sufre algún tipo de acoso. “Lo primero es buscar ayuda y nuestra asociación le va a apoyar económicamente y acudir al médico de cabecera para que le ponga en contacto con salud mental”, recomienda el presidente de la Asociación. “Pero acto seguido hay que ponerlo en conocimiento del departamento de recursos humanos, de la delegación sindical y a una inspección de trabajo, todo ello por escrito”.

    El 19% de los trabajadores valencianos han sufrido acoso en algún momento de su vida laboral


    Un estudio realizado sobre 1.714 personas de la Comunitat Valenciana ha puesto de relieve que el 19% de los trabajadores ha sido víctima de acoso en algún momento de su vida laboral. Son los hombres, fundamentalmente, los agresores (54%).

    Así se puso de relieve ayer con motivo de la presentación del informe sobre Acoso en el Trabajo elaborado por María José Báguena, catedrática de Psicología la Universitat de València, por encargo del Instituto de la Mujer.

    Según los datos del estudio, la tasa de acoso psicológico en el trabajo durante los últimos seis meses es del 8%. El porcentaje es un punto más alta em las mujeres (9%) mientras que en los hombres se sitúa en el 7%. Sin embargo, se encuentran casos de acoso más graves en los hombres, 58%, frente al 45% de gravedad en las mujeres. Ello se debe, según la profesora Báguena, a que los hombres “tardan más en denunciar y lo hacen cuando se encuentran en una situación límite”.

    Al considerar a las personas que han sido objeto de este tipo de acoso a lo largo de su vida laboral, la tasa se eleva al 19% de los trabajadores, por igual en hombres que en mujeres pero también con mayor gravedad en los primeros.

    La directora del estudio puso de manifiesto que las cifras son un poco más elevadas en la Comuitat Valencia respecto a otros estudios nacionales, debido a que “a que hay más información sobre este problema”.

    También señaló que las cifras que se registran en la actualidad “irán en aumento en los próximos años, aunque no de forma sustancial, ya que habrá un mayor conocimiento social”.

    Víctimas y agresores
    Los hombres resultan acorralados principalmente por hombres, mientras que las mujeres lo son tanto por hombres como por mujeres. En el 54% de los casos los agresores son hombres mientras que el porcentaje de mujeres agresoras es de un 22%.

    En gran parte de los casos, el acosador ocupa un estatus laboral superior a la víctima. Sin embargo, en el caso de las mujeres es más frecuente que sea acosada por alguna persona que ocupa su mismo nivel laboral.

    El estudio pone manifiesto que el 24% de las mujeres que han sufrido acoso psicológico también lo han sido en el terreno sexual. Esto ocurre en el 10% de las víctimas masculinas. Las primeras han sufrido fundamentalmente por hombres (93%) mientras que en el 51% de los casos de acoso sexual a los hombres el agresor ha sido también un hombre.

    El acoso psicológico se ejerce en cifras muy similiares en la empresa pública y la privada, aunque los hombres son más acosados que las mujeres en la empresa privada.

    El informe evidencia un tercer aspecto, el desgaste profesional. Se pone de relieve que enfermar debido al desgaste profesional afecta por igual a los hombres y a las mujeres, (un 7% y 9% respectivamente), sin embargo un 40% reconoce haber estar cerca de enfermar.

    Los hombres sufren casos más graves de acoso laboral que las mujeres

    GEMA RUDILLA
    VALENCIA. ¿Sabe qué es el acoso psicológico o «mobbing»? ¿Y el desgaste laboral o «bournout»? La investigadora Maria José Báguena lo define como «boicotear a una persona en su trabajo; por una parte no proporcionarle información suficiente para que desempeñe su trabajo, asignarle tareas insuficientes o incluso dejarle sin trabajo. Por otra parte, aislar al trabajador socialmente, decir mentiras, levantar rumores, acosarle o amenazarle».
    Según los datos que ofrece un estudio presentado ayer en la Facultad de Psicología de Valencia por Rosa María Peris, directora General del Instituto de la Mujer, sobre el acoso psicológico y el acoso sexual en el trabajo, -a 1.714 valencianos mediante encuesta escrita- el 19% de los trabajadores de la Comunidad Valenciana afirma haber sufrido acoso laboral alguna vez en su vida.
    El objetivo de esta investigación-financiada por el Instituto de la Mujer- fue conocer en qué medida el acoso laboral es un problema en los trabajadores de la Comunidad y sacar a la luz los «serios estragos que provoca en la vida de las víctimas», recalcó Rosa Maria Peris.
    La directora del estudio asegura que los hombres sufren casos de acoso laboral «más graves» que las mujeres -un 37% en los hombres frente al 26%de las mujeres-. Esto es debido a que la mujer «duda menos en etiquetar la experiencia como un acoso», mientra que el hombre lo denuncia cuando el acoso está más consolidado.
    En cuánto a los resultados que explican la diferencia entre las conductas de acoso, los hombres son con más frecuencia víctimas de medidas organizacionales; es decir, los ataques están dirigidos hacia las tareas profesionales. Sin embargo, las mujeres son más importunadas en sus relaciones sociales. «padecen agresiones verbales verbales, son aisladas también sufren más ataques verbales. De alguna manera, los ataques hacia las mujeres van dirigidos hacia su persona».
    Miedo, tensión y pesadillas
    Según precisó la directora de la investigación, Maria Báguena, las personas que han sufrido acoso psicológico en el trabajo sufren síntomas físicos como mareos, náuseas, dolores de cabeza, problemas de respiración; ansiedad fóbica-miedos persistentes a lugares, objetos, personas o situaciones-, ansiedad general que se muestra con los efectos de nerviosismo, pánico y tensión.
    Se han registrado también síntomas obsesivos-compulsivos y de intrusión como pesadillas, visualizaciones, repeticiones mentales, malestares psicológicos derivados de la angustia. Todos estos efectos fueron hallados tanto en hombres como en mujeres, aunque «son mucho más graves en las mujeres que en los hombres y «sólo en mujeres se encuentra la depresión».
    No sólo el acoso psicológico tiene como consecuencia los síntomas expuestos anteriormente. El acoso sexual y el desgate laboral o «bournout» también. El 8% de las mujeres son víctimas de esta práctica, una situación «desgarradora».

    Uno de cada cinco trabajadores sufre acoso psicológico a lo largo de su vida laboral

    Un estudio revela que el 7% de varones y el 9% de mujeres son acosados de forma regular.
    Pilar G. del Burgo, Valencia

    El acoso psicológico y sexual en el entorno laboral afecta a un número cada vez mayor de trabajadores, según reconoció ayer en Valencia la directora general del Instituto de la Mujer, Rosa María Peris, en la presentación de un estudio financiado por esta institución que revela la frecuencia e intensidad de este fenómeno en la Comunitat Valenciana y que ha realizado la catedrática de la Universitat de València, María José Báguena en colaboración con Ángeles Beleña, María Paz Toldos, Amelia Díaz, Consuelo Roldán y Salvador Amigó.


    Peris afirmó que el mobbing o acoso laboral es uno de los problemas, « más ocultos y soterrados que provoca serios estragos entre las víctimas», y que el propósito del Instituto de la Mujer es «sacarlo a la luz» , como se hizo en la década de los noventa con la violencia doméstica.
    El informe, que se ha realizado a partir de 1.714 encuestas, ha dado a conocer que un 7% de hombres y un 9% de mujeres han sufrido acoso psicológico en el trabajo de forma regular durante los últimos seis meses. Y que son los varones quienes acusan las situaciones más graves (58% frente al 45% de las mujeres).
    La investigación, que es la primera de estas características que se realiza en la Comunitat, resalta que el 19% de los encuestados reconoce que ha sufrido un episodio de acoso psicológico en algún momento de su vida laboral. Los hombres son también quienes han experimentado los incidentes más graves (37% a 26%). El estudio revela que los varones sufren más el acoso de tipo « organizacional» , mientras que a las mujeres se las acosa más en las relaciones sociales y la vida privada. Los comportamientos despectivos, chillidos y humillaciones verbales las padecen más las mujeres que los hombres.
    En cuanto al sexo del acosador hay que destacar que el 71% de los hombres lo sufre por parte de un congénere del mismo sexo, mientras que la mujer víctima lo es de ambos géneros casi por igual. Además en la mayor parte de los casos el acosador es un jefe (para el 63% de hombres y 58% de mujeres).

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