Frase de la Semana

El éxito es el premio del esfuerzo personal; sigue siempre adelante te espera un mejor futuro. El éxito es el fruto del trabajo y la grandeza personal para poder llegar a obtenerlo. El éxito se obtiene solo con pensamiento firme y seguro de saber lo que se quiere llegar a ser.
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El clima, la cultura organizacional y la estrategia


Durante muchos años, hablar de clima y cultura organizacional se limitaba a un enfoque abstracto de la administración de la organización, muchas veces vinculada con la adecuada estructuración de un ambiente favorable para trabajar, que garantice que el personal pueda dar lo mejor de sí. Sin embargo, este tipo de enunciado era planteado como una aspiración benevolente de preocupación por el trabajador, que no necesariamente era genuino, y que, por lo general, no estaba vinculada con la estrategia de la organización.


En este sentido era frecuente, y aún lo es hoy en día, ver en las declaraciones de Misión y Visión de las organizaciones indicar que “el personal es nuestro principal activo” o que “nuestro personal es lo más importante para nosotros”; sin embargo, salvo honrosas excepciones, esta declaración no deja de ser eso, solo una declaración, que en la práctica se encuentra desvinculada con la realidad.


¿Qué significa decir que “el personal es lo más importante”? Esto implica muchas aristas de análisis, ya que no solo se trata del trabajador como ser humano que aporta valor a la organización, sino también el entorno que permite que este ser humano pueda aportar efectivamente dicho valor. Respecto al trabajador como ser humano, su adecuada selección y capacitación contribuye a contar con el factor humano que aporta conocimiento, experiencia y habilidad para desempeñar eficientemente un trabajo. La importancia de contar con los mejores trabajadores en la organización ha redundado en mecanismos diversos de selección y de capacitación de personal que han sido implementados por los encargados de recursos humanos; y es tal su importancia, que en los últimos tiempos, ya no se considera al personal un recurso humano (lo que lo ponía en mismo pie de igualdad con los recursos financieros, o recursos materiales, etc.), sino que pasó a ser considerado “capital humano”, y recientemente más valorizado aún, a ser considerado “talento humano”.


Pero el valor intrínseco de la persona no lo es todo, si bien aporta muchísimo, es evidente que el entorno que le ofrece la organización también le permite potenciar su aporte. Esto se pone de manifiesto en la “Fórmula de Lewis” que sostiene que es la interacción de las cualidades personales con las condiciones del entorno la que determina la calidad del comportamiento del trabajador dentro de la organización, lo que da origen a una Cultura Organizacional en particular para cada organización y se evidencia en lo que los propios trabajadores perciben de su entorno a través de lo que se conoce como Clima Organizacional. Siendo así, entonces no solo es importante contar con el personal más adecuado para los objetivos de una organización, sino también considerar el entorno laboral que logrará concretar las mejores potencialidades del talento humano para que la organización alcance sus objetivos.


Hablar de alcanzar los objetivos empresariales ya implica referirse a la estrategia de la organización. Pero entonces ¿qué tiene que ver el Clima y la Cultura Organizacional con la estrategia de la organización?.... ¡Mucho!, sin embargo, esta vinculación no es aún muy conciente en los últimos tiempos, tal vez porque es difícil tangibilizar o dimensionar o gestionar aspectos abstractos e intangibles, o tal vez porque por muchos años se ha dado mayor relevancia a los activos tangibles de las organizaciones, como son los recursos financieros, maquinarias, procesos, insumos, materias primas, etc. En todo caso, se suele hablar de clima organizacional y cultura como temas abstractos, y es muy reciente el cada vez mayor reconocimiento de su importante aporte en el éxito de la ejecución de la estrategia de una organización.


En este sentido, es destacable el aporte de Kaplan y Norton , quienes sostienen que la organización logrará crear valor en la medida que no solo tenga una buena estrategia, sino que pueda ejecutarla con éxito, para lo cual es indispensable que los activos intangibles, dentro de ellos la Cultura Organizacional, se encuentren coordinados con la estrategia. Por lo general muchos objetivos estratégicos de las organizaciones implican la implementación de iniciativas y proyectos que requieren nuevas actitudes y comportamientos de los miembros de la organización, esto implica trabajar directamente en la cultura existente a fin de conocerla a profundidad y de establecer acciones para lograr que las creencias, formas de pensar, expectativas, valores, actitudes y comportamientos compartidos por todos los miembros de la organización se oriente al objetivo estratégico común.


El valor estratégico de contar con una cultura organizacional sólida y fuerte es muy alto, debido a que es muy difícil de imitar por cualquier competidor, es propia y única de cada organización, y además evoluciona constantemente en el tiempo. Sobre la base de la cultura organizacional se establece el clima organizacional que es la percepción compartida de los individuos respecto de las políticas, prácticas y procedimientos organizacionales, tanto formales como informales, que conducen a tener una visión común de los objetivos estratégicos de la organización, y de la forma de alcanzarlos (Kaplan y Norton, 2004).


El desafío para las organizaciones constituye en lograr generar y consolidar una Cultura y Clima Organizacional que permita que las personas que las conforman se encuentren claramente concientes y hayan interiorizado adecuadamente la misión, visión y valores esenciales necesarios para llevar a cabo con éxito la estrategia de la organización. Para lograrlo es necesario conocer la Cultura y Clima Organizacional a profundidad, para poder establecer mecanismos que permitan gestionarla de tal forma que brinde el adecuado soporte al logro de los objetivos estratégicos de la organización. Aún tratándose de conceptos abstractos, su comprensión y medición es posible y necesaria, y de esta manera lograr que este importante activo intangible contribuya efectivamente a la creación de valor.


Fuente: Universidad Esan

El Messenger mejora la productividad en las empresas porque hay menos interrupciones


Desde su lanzamiento en 1999, la aplicación de mensajería instantánea Messenger se ha convertido en una auténtica herramienta de comunicación para millones de usuarios en todo el mundo, convirtiéndose en la que mayor éxito tiene en Internet.

Rápido, simple y eficaz es su filosofía. Sus características, y su facilidad a la hora de utilizarlo, han sido analizadas por las universidades de California y Ohio, que han realizado un estudio que demuestra que los trabajadores que utilizan la mensajería instantánea tienen menos interrupciones durante su trabajo que las que no las utilizan, mejorando así la productividad.

Para comunicaciones "cortas"

"Muchas de las personas que lo usan es para contactar a compañeros de trabajo y saber cuándo están disponibles", señala Eduardo Arcos en Alt1040, quien añade que son en las comunicaciones "cortas" donde funciona mejor que el propio e-mail.

De esta forma, este estudio ha puesto en "tela de juicio" la creencia por la cual el uso de aplicaciones similares al Messenger "reduce la actividad", recoge Historiasdequeso. Además, permite utilizar el tiempo de conversación "de otro modo", ya que "podemos controlar tras recibir un mensaje, una pregunta o similar, decidir cuándo responder", añade.

Estudio

Para llevar a cabo esta investigación se encuestó entre los meses de mayo y septiembre del año 2006 a 912 personas que trabajaban, al menos, 30 horas a la semana, utilizando durante su jornada laboral el ordenador.

Se va, se va… ¡se fueee!

Ante las pocas oportunidades de desarrollo, muchos profesionistas están optando por emigrar a otros países. ¿Debe la empresa impedirlo?

beisbol (cortesía)


¿Quién no ha pensado en “fugarse” de este país? Sobretodo, cuando nos toca sufrir la clausura del Congreso de la Unión, las obras en Constituyentes o… ¡pagar impuestos!


En el ámbito empresarial, el fenómeno es muy claro: la fuga de cerebros se está convirtiendo en parte de lo cotidiano.

Son muchos los factores que fomentan la salida de personas talentosas a otras naciones. Para mí destacan el deficiente nivel educativo nacional, el mínimo apoyo a los centros de investigación científica y tecnológica y, por supuesto, la ausencia de motivación para el desarrollo profesional en el ámbito laboral mexicano.


Aunque algunas organizaciones están adoptando buenas prácticas para mantener y mejorar a su capital humano (como lo demuestran las Listas de las Mejores Empresas para Trabajar), lo cierto es que la mayoría, mantienen condiciones francamente desmotivantes.

Más allá de criticar a estas corporaciones y sus políticas, quiero plantear ¿estarían esas empresas obligadas a evitar la fuga de cerebros?

Pienso que sí. Primero, porque procurar a los colaboradores valiosos, redundará sin duda en mayor productividad y competitividad a favor de la organización. Segundo, porque no hace falta hacer grandes erogaciones. En ocasiones, el otorgamiento de una prestación puede hacer la diferencia (además la previsión social está exenta del Impuesto sobre la Renta); y finalmente, porque es deseable aprovechar el talento mexicano en beneficio de nuestra sociedad.

De no poner manos a la obra, estaremos condenados a retomar la vieja expresión beisbolera, para acompañar la constante pérdida de talento: se va, se va… ¡se fueee!

Para consultar más información sobre este tema, sugiero el artículo Seis puntos para retener el talento, publicado en salud empresarial.


La empresa feliz


La gestión humanista y ética se impone en el nuevo mercado moral.


No existe la empresa feliz. Como tampoco existe un mundo feliz. Pero, el futuro es del humanismo empresarial; es decir, la gestión humanista y ética. Porque las empresas sostenibles, que integran estrategias de felicidad para cuidar a sus empleados y consolidarse a largo plazo, venden y son la nueva razón económica en el nuevo mercado moral. 'No es romanticismo social, sino pura eficacia', advierte el consultor Jürgen Schott, que asesora a los grandes consorcios alemanes en cuestiones éticas.

Están los terapeutas especializados en hipnosis contratados por los grandes consorcios para tratar a sus directivos. (Aunque el terapeuta de Mannheim, en Alemania, Sven Frank dice que las empresas no hablan de hipnosis sino de coach mental.) Están los masajistas que atienden a sus clientes en sus puestos de trabajo; o los consultores reclamados para asesorar en cuestiones de work-life-balance. O se contratan los servicios de agencias que facilitan la vida a los empleados. O se abren guarderías corporativas con horarios flexibles. A los funcionarios del municipio alemán de Vechta se les permite dormir la siesta. Y el ayuntamiento de la ciudad de Hanau, con servicio de planchado para sus empleados, asume tareas que permitan a sus ciudadanos mejorar el equilibrio entre vida y trabajo.

¿Modas? En el futuro se evaluarán las competencias de felicidad de las empresas y se introducirán índices de satisfacción laboral, pronostica el investigador Matthias Horx, del Instituto de Futuro de Kelkheim. 'La calidad de la cultura empresarial es ya un factor decisivo en la búsqueda de trabajo para los ejecutivos', afirma Jürgen Schott, directivo de la consultora muniquesa Zentrum für Unternehmenskultur.

El resultado: más allá de brindar posibilidades de conciliar, las empresas responsables esbozan programas globales de sostenibilidad que abarcan desde una visión ética, una política social avanzada y relaciones justas con los diferentes actores implicados (trabajadores, proveedores, clientes, socios, etc.) hasta la utilización de enegías renovables y uso responsable de los recursos naturales. Empresas que integran la sostenibilidad en el corazón de su estrategia, fidelizando a los nuevos clientes inteligentes. 'Además, es bueno para el planeta, para el alma, la familia y un mundo más justo y ético', opina la investigadora de tendencias Faith Popcorn (EE UU).


Una nueva organización

El prestigioso semanario Die Zeit, de Hamburgo, afirma incluso que se ha iniciado una reorganización del capitalismo. 'Serios investigadores sociales observan que están cambiando las actitudes de la sociedad industrial, cuando las máquinas de las fábricas marcaban las pautas de la vida y el trabajo'. En la sociedad de redes actual, los wired workers (término del sociólogo británico Anthony Giddens, refiriéndose a los trabajadores de la red en su lucha contra la marea de datos) y el technostress se contradicen con el imperativo de competitividad y creatividad que reclama la moderna sociedad del conocimiento. Antes era la gente de la Iglesia y los políticos quienes ejercían una función de modelo social. 'Hoy son los manager', afirma el ex monje y consultor Anselm Bilgri, fundador de la consultora Zentrum für Unternehmenskultur, de Múnich, que asesora a la élite económica alemana en cuestiones éticas. Para Bilgri, la cultura empresarial de valores es esencial para tener éxito a largo plazo.

¿Empresa feliz? 'Supongo que no tenemos que renunciar a ella', afirma el profesor de comportamiento organizacional del Instituto de Empresa, Ignacio Álvarez de Mon. 'De lo que estoy seguro es que hay empresas dónde uno puede ser más o menos feliz, cada uno tiene que tratar de buscar la suya. Creo que debe ser nuestro desafío personal tratar de encontrar a nuestro yo feliz. En la medida en que no renunciemos a ese ideal, lo exigiremos para nosotros y los que trabajan con nosotros'. En cualquier caso, muchos expertos están convencidos de que las cosas no pueden seguir así. Melinda Davis, investigadora estadounidense de tendencias, afirma: 'En los últimos años nos hemos vuelto todos un poco locos y hemos creado un mundo en el que ya no podemos vivir'. Su colega Faith Popcorn constata: 'Mucha gente no está de acuerdo con el estilo de gestión de algunos consorcios.' Popcorn acaba de realizar una encuesta a los jóvenes estadounidenses en la que se les consulta si querrían entrar en la misma empresa en la que trabajan sus padres. Resultado: 'Prácticamente nadie.'

El compromiso social y el equilibrio entre vida y trabajo se han convertido en una baza estratégica de las empresas, confirma la experta en directivos Jutta Rump, de la Escuela Superior de Ludwigshafen (Alemania). Es la nueva fórmula para reclutar y motivar. Desde la pequeña empresa hasta el gran consorcio Volkswagen (cuyo nuevo lema es Vivir y trabajar en el mundo VW) anuncian conciliación, teletrabajo y la posibilidad de permisos y periodos sabáticos. Pero Rump advierte que no habrá una revolución work life balance para todos, sino sobre todo para los 'insustituibles'. 'Hay quienes construyen óperas; nosotros invertimos en la felicidad de nuestros empleados', dice Gunnar Grosse, empresario que fundó en Alemania la electrónica Komsa AG, premiada en muchas ocasiones por sus esfuerzos conciliadores. Dispone de servicios de guardería, espacios deportivos y wellness y ofrece teletrabajo y flexibilidad de horarios. Y la empresaria Antonnela Lorenz, fundadora de Lorenzsoft, de Múnich, permite a sus programadores trabajar el tiempo que quieran, salir de compras y sentarse en un café en horario de trabajo. Se basa en una forma de organización del trabajo por objetivos realistas diarios.

Pero la gestión humanista y la responsabilidad social empresarial no constituyen una actividad paralela, sino que se refieren al modo de gestión y producción (ecológico, social y sostenible) en el núcleo de negocio de la compañía. 'Y casi todas las empresas están todavía muy lejos de ello', dice Paschen von Flotow, jefe del Sustainable Business Institute (SBI) de la European Business School en Oestrich-Winke. No obstante, los expertos en responsabilidad social reconocen los pasos dados por empresas como Toyota (coche híbrido), el líder de textil por catálogo Otto (cultivo de algodón sin química y sueldos justos en África) y Unilever (compromiso de pesca sostenible).

El estilo Weleda

Del grupo suizo Weleda, de cosmética natural y medicina antroposófica (contraria al concepto mecanicista de la medicina y del ser humano), se elogia su concepto global de sostenibilidad, además de haber sido elegida mejor empleador en 2004 por el fomento de políticas sostenibles por la Universidad de Trier, y premio Familia, factor de éxito 2005, del Gobierno alemán.

El auge de la empresa sostenible tiene también que ver con el nuevo consumo responsable: No quiero productos de papel no reciclado. No quiero ser cliente de una compañía sin conciencia ecológica y social, que no emplee a mujeres, que no concilie o que no apueste por plantillas plurales. Porque el cliente inteligente está aquí. El Homo economicus no sólo busca elevados beneficios o precios bajos. Es parte de una economía, en la que cada vez importan más la comunicación y las ideas y los valores sociales. 'Antes la gente sobrevivía, no consumía. Pero, en el último medio siglo, el cliente es el rey y, el consumo, el motor de la modernidad'. Los clientes inteligentes quieren productos inteligentes. Lo social, lo cultural y lo ético influyen cada más en los mercados.

Quien consigue identificar muy bien la marca con los puestos de trabajo es Google. Para la investigadora de tendencias Popcorn, es un ejemplo de marca fuerte, con mucho poder, no sólo por el impacto de sus productos sino porque vende su marca vinculada a la imagen de la compañía y a la de sus trabajadores. 'Toda su cultura empresarial es parte de la marca. El aspecto de su restaurante. Cómo recluta a su gente. Todo parece fantástico: el lugar más cool y hip para trabajar.'

'Sin conciencia no puede haber calidad'

Los investigadores de tendencias afirman que en el futuro se evaluarán las competencias de felicidad de la economía y de las empresas. ¿Cree que el futuro es de las compañías responsables y sostenibles que ofrecen mayor calidad de vida a las personas?

Sin duda alguna. Quienes todavía crean que las empresas enfocadas exclusivamente al beneficio asumen una máxima responsabilidad social se equivocan. El criterio del máximo beneficio está registrando matizaciones. Por supuesto, habrá siempre empresas que lo obvien y tengan éxito. Pero, sin conciencia no puede haber calidad. Y precisamente la calidad de la cultura empresarial se está convirtiendo en un factor decisivo para la opción de empleo de mucha gente con talento.

¿Registra usted esta inquietud entre sus clientes?

Claramente. Las compañías y los directivos tendrán éxito a largo plazo si consiguen convertir sus empresas en espacios con sentido. De este modo, todas las personas que trabajan para ellas tendrán la posibilidad de implicarse con todo su talento en el puesto de trabajo adecuado. Por cierto, todo esto no es romanticismo social, sino pura eficacia. Precisamente la gente con talento lucha permanentemente para tener también calidad de vida y fracasa. Una cultura empresarial que asuma responsabilidad en el más amplio sentido de la palabra crea espacios en los que la gente puede ser más feliz. Por el contrario, las empresas que operan con presión o incluso con escenarios de miedo desperdician el talento que poseen sus empleados.

¿Cuál es el motor de estos cambios?

En el futuro habrá más empresas responsables y sostenibles porque reconocen la gran oportunidad que implica este estilo de gestión. También en resultados. Y la creciente actitud crítica de la sociedad respecto a las empresas favorece este desarrollo.

Magdalenas sin grasa en Starbucks

Lo ecológico, lo sano y lo moral están de moda. Happy meal y leche bio en McDonalds. La cadena Starbucks informa que prepara sus magdalenas sin grasas trans y que sus bocadillos de atún y queso contienen 956 calorías. Volvo detiene la producción de vehículos de gas para apostar por el bioetanol. Los supermercados de descuento alemanes Aldi y Lidl incrementan en un 80% las ventas de productos bio. El fabricante suizo de cosmética natural Weleda -con una cultura empresarial basada en la antroposofía (el eje es el ser humano)- tiene tienda en París junto a las grandes firmas de lujo.

'No se trata de una corriente subcultural de pequeñas tiendas bio y activistas medioambientales', afirma el investigador de futuro Eike Wenzel, del Instituto de Kelkheim (Alemania). Los temas del cambio climático, los motores híbridos, la alimentación sana y los efectos tremendamente perjudiciales del tabaco han llegado hace tiempo al centro de la sociedad. Wenzel calcula que un tercio de los consumidores de los países occidentales responden actualmente a la corriente Lohas (acrónimo de Lifestyle of Health and Sustainability). 'El movimiento verde cambiará los mercados', concluye el investigado


La cultura de la dependencia

A veces olvidamos que el estado natural del hombre es la pobreza y que, por tanto, lo que realmente tenemos que preguntarnos es cómo se consigue y cómo se conserva la riqueza. A la irrupción intencionada de riqueza, ese creativo vaivén entre ahorro e inversión, se le imprimen connotaciones de todo tipo –morales, culturales y religiosas– por parte de los grupos que la llevan a cabo, como le ocurre a toda acción humana. Así, la perpetuación de la pobreza también está sitiada por numerosas connotaciones. ¿Qué ideas, qué mitos, qué sentimientos envuelven los contextos de pobreza?

Varios autores se han ocupado de lo que se ha denominado "cultura de la pobreza", es decir, una serie de mecanismos de socialización que enclaustran a sus miembros en un círculo vicioso de fatalidad y resignación. Fue Oscar Lewis quien en 1961 proponía este concepto, aplicable a civilizaciones, culturas y subculturas, desechando así la idea de que la pobreza procede siempre de deficiencias individuales: en la mayoría de los casos, procede del ambiente.

Basil Bernstein señala un elemento importante de esa socialización inicua: los códigos lingüísticos. Las capacidades lingüísticas de niños pobres y ricos serían, según él, radicalmente diferentes, ya que los niños de clase trabajadora utilizan un código restringido y tienen dificultades para expresar ideas abstractas, al contrario que los niños de familias más pudientes, a los que se les explica más racionalmente las razones de las normas que han de seguir, aprendiendo por tanto pronto a argumentar y a especificar demandas. Sin embargo, este sería un campo en el que nadie podría intervenir. Ivan Illich va un poco más allá y sostiene que es la escuela pública la que perpetúa e acrecienta la "cultura de la pobreza" porque las escuelas son centros de adoctrinamiento, de custodia, de "consumo pasivo", es decir, de aceptación acrítica del orden social existente. Es lo que él denomina el "plan de estudios oculto" que enseñaría a cada niño el lugar donde tiene que estar y tiene que mantenerse. Por supuesto, Illich relaciona estas dinámicas con el capitalismo, pero la crítica que nos interesa es la de cómo instituciones públicas y obligatorias que se erigen apelando a la igualdad de oportunidades desembocan en adoctrinamiento y propulsión de la resignación.

Si analizamos las investigaciones existentes, que como hemos visto en absoluto se han hecho desde una perspectiva austriaca (en muchos casos simplemente marxista), vemos que las conclusiones –no así las prescripciones– son muy similares a las que los austriacos hemos llegado intuitivamente, sin haber profundizado demasiado en los campos de la psicología o la sociología. Y la conclusión es la siguiente: las políticas sociales implementadas por el Estado no funcionan; muy al contrario, agravan los problemas para los cuales supuestamente se diseñan. La razón de tal ineficiencia la encontramos en el narcisismo político: las políticas públicas no sólo presuponen dependencia de los súbditos respecto a ellas mismas sino que, además, su existencia depende directamente de esa pretendida dependencia.

El sociólogo estadounidense Charles Murray profundizó en los ochenta en esta tesis de la "cultura de la pobreza", con más valentía que los anteriores, y aquí es donde podríamos trazar la muy nítida unanimidad con los austriacos. Los individuos que son pobres "sin falta por su parte" –como huérfanos o discapacitados– pertenecen a una categoría diferente de la de quienes forman parte de una "cultura de la dependencia", que son la mayoría. Con esta denominación, Murray alude a los pobres que confían en la asistencia social proporcionada por el Estado en vez de entrar en el mercado laboral; este aumento de la asistencia social ha creado una subcultura que socava la ambición personal, porque si lo más importante –educación, sanidad– te lo proporciona el Estado, su coste se obvia y se relativiza su relevancia. Todos recordamos la inolvidable familia de parásitos de Maggie (Hilary Swank) en Million Dollar Baby.

El Estado nodriza reduce la incertidumbre del futuro, pero incrementa la cultura de la dependencia y la subordinación. El Estado del Bienestar produce seguridad psicológica, aunque no es más que una trampa: una vez te expropian una parte de tu renta, todo subsidio te parece insuficiente. El esfuerzo y la ambición ahora son valores retrógrados: las becas se dan en función de los ingresos, un niño puede pasar de curso con tres asignaturas suspendidas y la educación es obligatoria hasta los dieciséis años independientemente del comportamiento, de la voluntad o de las aptitudes de los estudiantes.

Pero lo curioso es que los argumentos a favor del Estado del Bienestar son ingenuos respecto a la realidad a la que se refieren: los subsidios no se dan a aquellos que han sufrido una desgracia y a corto plazo viven en la miseria, que sería para lo que nominalmente se erigen las políticas sociales. Por el contrario, los subsidios se generalizan y se otorgan para toda clase de lujos a todas luces muy lejanos del manoseado concepto de "necesidades básicas". Este verano se han otorgado miles de becas para estudiar en el extranjero. Y es que hemos llegado a un nivel de inmoralidad extrema: una vez se legaliza la expropiación discrecional, la única estrategia posible es tratar de robar más que tu vecino. Eso sí es la ley de la selva, no el capitalismo.

Explicaba hace unas semanas Jorge Bolaños en la Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana que la batalla para acabar con la pobreza está entre la integración y el custodialismo. El custodialismo estatal, en nombre paradójicamente de su contrario, la integración, dificulta y censura las ansias de independencia, desechándola por imposible (desconfianza del individuo y del mercado libre) e incluso por indeseable. Porque incluso en las políticas sociales subyace un motivo de lo más egoísta: la eternización de la casta política y del comité de "expertos" que las proyectan.

Berti García Faet


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